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Fanfic: ¿Qué le pasa a Hermione? (V)

Published by PiRRa on July 31st, 2002

CAPÍTULO 5:

MÚSICA Y CADENAS.

Estuvieron abrazados mucho rato. Cuando se tumbaron en la cama aún durmieron abrazados. A Hermione le daba una inusitada seguridad sentir el abrazo de Sirius y a Sirius le reconfortaba el abrazo de Hermione.

Durmieron toda la noche abrazados el uno al otro. A la mañana siguiente sonaron unos golpecitos en la puerta.

-          TOC TOC TOC. Hermione, ya es hora de levantarse.

Había dormido toda la noche de seguido, soñando con cosas románticas, para variar. Abrió los ojos, tenía sus brazos alrededor del cuello de Sirius, y él tenía los suyos alrededor de su cintura. Sonrió. Tenía los labios de Sirius a pocos centímetros de los suyos.

-          Sirius- le llamó susurrando al oído.

Él abrió primero un ojo, despacio… luego abrió el otro y sonrió al ver a Hermione sonriéndole. Quiso mover sus brazos para desperezarse y vio que estaban alrededor de la cintura de Hermione -”Si no me acordara de lo que ha pasó anoche”- pensó -”pensaría que lo habíamos pasado muy bien los dos en la cama.”-.

-          ¿Ya hay que levantarse?- preguntó, poniendo una voz como la que ponen los niños que no quieren levantarse temprano.

-          Pues sí, ya es hora.

Los dos desenredaron sus brazos y sus piernas para poder levantarse.

Hermione hizo rápidamente su cama, cogió algo de ropa y dijo:

-          Yo bajo al baño a pegarme una ducha y a vestirme para ir a la peluquería, tú puedes cambiarte aquí mientras… esconde tu pijama bajo mi almohada. Dicho esto salió de la habitación cerrando la puerta y fue al baño.

Sirius estaba confuso, Hermione le hacía sentirse confuso. Aquella noche no había tenido ni una pesadilla, solo sueños, buenos sueños. Parecía ser que la presencia de ella cerca le hiciera no tener pesadillas. -”Quizás”- pensó -”al ser tan agradable hace un efecto contrario al de los dementores”- se estremeció al sólo pensar en aquellos seres. Decidió no volver a pensar en ello, quizás preguntaría a Lupin o a Dumbledore sobre el tema, seguro que ellos sabían algo sobre ello. Se vistió rápidamente por si la madre de Hermione pasaba por su habitación. Arregló un poco las pocas cosas suyas que tenía y escondió “su” pijama. Se convirtió en perro y se dirigió a la cocina. La madre de Hermione le había puesto la comida de Crookshanks en un plato para él. (Lógicamente pensó que si servía para gatos serviría también para perros). Se acercó y olfateó el contenido, no parecía tener mal sabor. Hermione salió del baño con unos pantalones cortos azules, una camiseta blanca de tirantes y el pelo mojado, iba descalza.

-          Hermione, ¿Cuántas veces te he dicho que no andes descalza por casa?

-          No lo sé ¿quieres que las cuente desde ahora para la próxima vez que me preguntes saber la respuesta?- contestó ella con un gesto. Estaba enfadada con su madre por lo del pelo.

-          No me contestes así jovencita.

Hermione se fijó en el plato de comida de Sirius, se lo quitó de inmediato y volcó el contenido de nuevo en la bolsa de comida de Crookshanks.

-          ¿Cómo das de comer esto a… Hocicos?- aún la costaba referirse a él de esa manera.

-          Es un perro, ¿qué más da?- respondió su padre.

-          No da igual. Ven Hocicos, hoy desayunas lo mismo que yo.

Cogió un par de trozos de beicon y una pieza de fruta y se la puso en el plato de su comida.

-          Que estés enfadada conmigo no es motivo para ponerle comida de gatos, mamá.

-          Como quieras- respondió la aludida.

Desayunó despacio, más bien los dos desayunaron despacio. Cuando Sirius terminó de comer su desayuno bebió un poco de agua, luego se puso a los pies de Hermione y se tumbó a su lado esperando a que terminara ella. Al final, después de recoger todo se marcharon a la calle de nuevo camino a la peluquería. Los dos prestaban atención a todo lo que le pudiera parecer sospechoso pero no ocurrió nada en el camino de ida. A la salida Hermione tenía el pelo de color castaño, no era el color de su pelo real pero se le asemejaba bastante.

-          Odio ser morena. Volvamos a casa.- dijo a Sirius.

El camino de vuelta a casa fue igual que el de la ida, sin contratiempos ni desconocidos con perros asesinos. Sólo de vez en cuando Sirius creía notar extrañas sombras en las esquinas pero no pudo sospechar de nada, estaban más seguros en casa y eso era lo que quería, llegar a casa.

Llegaron a casa en el momento en que la madre de Hermione había terminado de preparar la comida. Tardaron más de lo común por que vinieron por el camino largo, ya que por ahí pasaba más gente, y había sido por el atajo por donde les habían atacado. Hermione no había dicho nada a sus padres del ataque, ni ellos lo notaron, tampoco les dijo que estaba en peligro, no quería asustarles.

De nuevo Hermione compartió su comida con Sirius. A su madre no le hacía ni pizca de gracia por lo que fue por la tarde a comprar comida de perros. Aquella tarde como estaban solos Sirius recobró su forma de persona, pero por si acaso se encerraron en la habitación de Hermione, no fuera a ser que vinieran sus padres. Estuvieron hablando, quedaba una semana para que comenzara el curso y entonces Sirius se iría a hacer otras “cosas” para Dumbledore. Quedaron en que ella se lo llevaría a Hogwarts como su mascota y a partir de allí él vería como hacer. Llegó una lechuza en aquel momento. Era Hedwige, así que la carta era de Harry. Hermione la cogió y la leyó, pero no la leyó en voz alta.


¡Hola Hermione!:

¿Qué tal llevas tus vacaciones? Bueno, supongo que bien, yo aquí me aburro mucho con los Dursley. Fue una suerte habernos encontrado la semana pasada en el callejón Diagon, te echo mucho de menos. Qué pena no haber visto también a Ron. ¿Alguna noticia que deba saber en el mundo mágico? Espero que no…

Nos vemos en el andén 9 y 3/4 el 1 de Septiembre. ¡Ah! No te lo dije, pero me encantó tu regalo de cumpleaños, gracias.

Besos

Harry


-          Harry está bien.- fue lo único que dijo a Sirius.

-          Me alegro. Pero ahora quien me preocupa eres tú.

Se creó un silencio muy tenso. Hermione aún no sabía cómo reaccionar ante esas respuestas de Sirius que hasta ahora le habían parecido una cosa que no eran. Ya había aprendido a no mostrarse tan… positiva ante esas situaciones y que para él ella era algo así como una ¿hija?

-          Voy a poner música.- fue la respuesta que se le ocurrió.

Se acercó al aparato de música. -”¿Por qué tenía que estar Sirius justo al lado?”-. Le dio al “PLAY” y sonó la última cinta que había puesto, hacía ya bastante tiempo.

” I want you..

I need you…”

Le dio al “STOP”. -”¿Por qué tenía que salir esa canción…? ¿Es que acaso no había otra peor…? Hacía millones de años que no oía a Christina Aguilera ¿Tenía que salir ahora? pufff”- pensó Hermione.

-          Mejor ponemos la radio- dijo dándole al botón.

“Je t´aime… oui je t´aime” “Te amo… sí, te amo.”

Apagó la radio. Es que esto sólo me pasa a mí – pensaba Hermione – estoy haciendo el ridículo más grande de mi vida con esas estúpidas canciones de amor…

-          ¡Eh! ¿Qué pasa? A mí me gustaba la niña esa que cantaba en inglés.-

Sirius se dirigió hacia el aparato de música y dio a unos cuantos botones al azar. Aparte de hacer que el aparato se volviera loco hizo que Hermione se riera. Hermione fue de nuevo hasta donde estaba Sirius, le cogió el dedo con el que estaba apretando los botones al azar y se lo movió hasta el botón de “PLAY”.

-          Ése es el botón de encendido y…- señalando con el dedo de Sirius al “STOP”- este para apagar ¿vale?.

-          Sí, creo que podré domarlo.- contestó.

Así entre canción y canción de Christina Aguilera llagaron los padres de Hermione a casa. Su madre la llamó y dijo que trajera al perro.

Fueron los dos hasta el salón. Su madre tenía una sonrisa tonta en la boca. -”¡Bueno! A ver qué cosa espantosa me ha traído”-. No es que su Madre tuviera mal gusto, pero no era el mismo de Hermione y por ello habían tenido algunas broncas.

-          Para Hocicos.- dijo tendiéndole una cosa que tenía en la mano.

Hermione cogió la cosa, intrigada… Era una especie de cadena (para que os hagáis una idea algo parecido a las medallas que llevan los soldados, de plata) En la medalla ponía:


Hocicos.

Propiedad de Hermione Granger.


Y por la otra cara ponía su dirección por si se perdía el perro que lo pudieran devolver a casa. La cadena era muy bonita, pero… -” ¿Cómo voy a ponerle a Sirius esta cadena?”- volvió a leer: Propiedad de Hermione Granger. -”¿Desde cuando los perros eran propiedad de alguien? ¿Propiedad mía? ¿Sirius es MI propiedad?”-.

-          Es muy bonito mamá, seguro que a Hocicos le encantará.- se giró, se agachó y haciendo como que hablaba con el perro le explicó mientras le ponía la cadena alrededor del cuello:

-          Mira Hocicos, esta cadena te la pongo para que si te pierdes y te encuentra algún señor te pueda devolver a casa.

Parecía una tontería pero a Hermione le hacía mucha gracia que él llevara puesto un cartel en el que indicaba que era de su propiedad.

Cenaron. Como ya habían traído la comida de perros Hermione no pudo compartir la suya con Sirius. De todas maneras cogió algún que otro trozo de comida y lo puso bajo su silla para que Sirius lo cogiera y comiera algo mejor que esa bazofia para perros.

Subieron a su habitación. -”Otro día más”- pensó Sirius.

Se cambiaron de ropa como la noche anterior. Pero esta vez no durmieron espalda con espalda sino cara a cara y estuvieron hablando un buen rato hasta quedarse dormidos. Mejor dicho, hasta que Hermione quedó dormida.

Sirius la miraba en la penumbra de la habitación. Estaba mucho más guapa con el pelo de su color. La acarició el pelo. Decididamente Hermione no era una bruja cualquiera, tenía algo especial.


 


Fanfic: ¿Qué le pasa a Hermione? (IV)

Published by PiRRa on July 29th, 2002

CAPÍTULO 4:

PRIMERA NOCHE JUNTOS, ¿SIN TOCARSE?.

Después de un rato, cuando Hermione creía que Sirius se había dormido se giró y se quedó tumbada boca arriba con los ojos abiertos. No se podía creer que lo que había soñado bueno, más que soñado pensado, la noche anterior se hiciera realidad ahora mismo, y lo mejor era que ésta era la primera de muchas noches que dormirían así. -”Es un sueño hecho realidad”- pensaba Hermione mientras giraba su cabeza hacia Sirius -”Tiene el pelo más bonito que haya visto nunca, y además huele tan bien…”- a la vez que pensaba esto suspiró, intentando captar aquél olor tan especial -”Además, tiene la espalda más bien hecha que he visto en mi vida, y…”- su mirada se perdió entre las sábanas -”un culo…”- Hermione se volvió a regañar a sí misma por pensar esas cosas -”Pero Hermione, ¿Cómo puedes atreverte a pensar así? Como si no tuvieras educación. No es de buena educación, y además no está bien.”- De repente comenzó a discutir consigo misma, como si dos vocecitas hablaran dentro de ella -”Pero no puedo evitarlo… ¡Claro que sí! No le mires, ignóralo, haz como si lo que hiciera Sirius no te importara, destiérralo ya de tu mente. Si claro como si eso fuera tan fácil. Tendrás que intentarlo. No… Pero ¿no le has visto? Mmmmm ¿Por qué tiene que ser tan asquerosamente sexy? Pero él… él nunca se fijará en mí, que esté durmiendo conmigo no significa nada. Duerme conmigo porque no tiene otro sitio donde dormir, si no seguro que dormiría lejos de mí. Tampoco hay que ser así, hija”- definitivamente había una voz en su interior -” Pero… ¿Quién eres tú?”- preguntó a la voz -” Permíteme que me presente soy Mione, tu conciencia mágica, a veces las brujas cuando tienen unos dilemas muy importantes o que no se pueden sacar de la cabeza aparecen las conciencias mágicas para tratar de ayudar.”- respondió la vocecita.

-          Lo que vas a hacer va a ser confundirme más de lo que estoy.

-          No, lo que voy a decir es lo que tú querrías decir y no te atreves.

-          ¡Oh! ¡Cállate!- Hermione estaba enfadada consigo misma.

-          No me callaré. Estás confundida. Lo que sientes por Sirius no es amor.

-          ¿A no? ¿Y tú como lo sabes?

-          Amor es algo diferente, y tú aún no sientes amor por él.

-          No… lo que siento yo es otra cosa ¿No? Es pasión… es… yo creo que si es amor.

-          Quizás pronto sí pero aún no… las chicas como tú se enamoran de chicos como Ron… o Harry.

-          Ron y Harry son amigos míos, no me voy a enamorar de ellos.

-          ¿Por qué no? Es lo normal, ¿sabes cuántos años tiene Sirius?

-          Mmmm… No, pero sé que bastantes más que yo.

-          Entonces hasta que no demuestre él que te ama no puedes decirle nada ¿Sabes por qué? Por que se reirá de ti, pensará esta niña está loca.

-          ¿Me estás confundiendo aún más no se supone que me ibas a ayudar?

-          … – La vocecita no contestó.

-          -”Bien, encima se va cuando comenzábamos a hablar el mismo idioma…

Sirius había notado como Hermione se había girado en la cama así que pensó que estaría dormida. Él también se giró, con los ojos cerrados, pensando en todo lo que estaba pasando. Dumbledore le había mandado que fuera a proteger a Hermione ya que algunas fuentes indicaban que Voldemort iba tras ella. El desconocido del parque había sido seguramente una primera toma de contacto para ver con qué medios de seguridad contaba Hermione. Había sido una suerte que él estuviera allí. Podía ser perfectamente el perro de Hermione, un perro corriente, sin más. -”Debería contarle lo que pasa… estaría más segura si lo sabe…”- Volvió a girarse hacia Hermione, ella al sentir que se giraba para mirarla también se giró. Se quedaron tumbados cara a cara.

-          -”¡Qué guapo es!”- Pensó Hermione. Acto seguido preguntó en un susurro:

-          ¿Aún sigues despierto?-

-          Sí…

-          ¿Es que… te preocupa algo?- preguntó.

-          Hermione, tengo algo muy importante que decirte.

“¿Ves conciencia? Ahora mismo va a declararme su amor.”

-          Dime.- Le miró a los ojos, aquellos preciosos ojos. Estaba conteniendo su emoción…

Sirius se sentó en la cama mirando hacia Hermione, tenía que contárselo por su seguridad, sería mucho mejor así, podría defenderse si pasaba algo, y si veía algo extraño sería consecuente de sus actos…

-          Dumbledore me envió aquí para velar por tu seguridad.

Hermione se sentía como si hubiera tocado un traslador, su estómago se había encogido de repente, la sonrisa que tenía en la cara pasó a ser una boca abierta de asombro y decepción, los ojos, que antes eran de emoción ahora se habían quedado sin emoción.

-          ¿Co-cómo?- consiguió articular.

-          Dumbledore ha recibido noticias de que podrías ser una de las probables futuras víctimas de quien-tu-sabes. Así que hasta que comience el colegio estoy encargado de ti.

Hermione abrió la boca aún más si cabe. -”Así que está aquí por obligación”- pensó -”No soy nada especial para él, solamente está aquí porque alguien se lo ha mandado, y como necesita un lugar para ocultarse este sitio es perfecto, además nadie sabe que es un animago y puede hacer su trabajo tranquilamente”-.

-          ¿Por qué yo?- preguntó, más por curiosidad que por temor, en aquél momento no sentía temor ninguno, pero si una gran decepción de ella misma.

-          Eso aún no lo sabemos, Dumbledore está haciendo averiguaciones. El desconocido del parque podría ser un mortífago, por la forma en que iba vestido y por cómo apareció de repente la correa del otro perro. Pero no es seguro.

¿Lord Voldemort la quería a ella? ¿Para qué? Quizás quería matarla por ser una sangre sucia, para hacer más daño a Harry, no le servía cualquier bruja, tenía que ser ella. Se enfadó. Se enfadó con sus padres por no ser magos, con Dumbledore por no haberla dicho nada ni siquiera con una lechuza, con Harry por ser su amigo pero sobretodo se enfadó con Sirius.

-          Buenas noches.- fue lo único que dijo.

Y acto seguido se giró y se tumbó en la cama como antes, dando la espalda a Sirius. -”Como he podido ser tan tonta. Cómo he podido llegar a pensar que venía a pedirme ayuda, por ser su… “amiga”. Simplemente sigue órdenes, como los perros de verdad. ¡Dios! ¿Habrás alguna chica más tonta que yo en el mundo? Él no siente nada por mí, además bien ha dicho está por ordenes, no porque realmente quiera que no me pase nada.”- Estaba a punto de echarse a llorar por su propia metedura de pata al pensar lo que no era, pero no podía, no teniendo a Black cerca. Lo había decidido, desde aquél momento haría como que aquél tipo era un desconocido que está allí por órdenes de Dumbledore para que ningún perro la atacara.

Sirius se sentía un poco confundido por el comportamiento de Hermione. Se tumbó de nuevo en la cama mirando la espalda de aquella joven, seguramente estaba asustada por lo que le había dicho, era normal, había sido demasiado brusco al decírselo de aquella manera. Alargó su mano y la pasó por el pelo de Hermione intentando que fuera algo tranquilizador para ella, intentando decir que él nunca permitiría que la hicieran daño.

Hermione se sobresaltó, -”¿Qué estaba haciendo Sirius? ¿Creía que ella tenía miedo? Se equivocaba”-.

-          Déjame Black, he dicho que buenas noches, no necesito tu compasión de nada.

Sirius se quedó congelado. -”¿Le había llamado Black? ¿Se había enfadado? Pero ¿por qué? No entendía nada.”-

-          ¿Te has enfadado?… Hermione… ¿Qué pasa ahora?- empezó hablando con voz de adulto, hasta ahora no había usado ese tono con nadie.

-          No…

-          ¿Por qué me has llamado Black?- realmente le había dolido que Hermione le tratara como un desconocido, como si no valiera nada para ella.

Hermione se sentó, tenía los ojos brillantes por culpa de las lágrimas que querían salir.

-          Yo pensé que estabas aquí por que querías, no por las órdenes de Dumbledore.

-          Yo estoy aquí porque quiero, en cuanto oí a Dumbledore decir lo que podía pasarte me propuse a mí mismo ser quien te cuidara.

Hermione miró a los ojos de Sirius, confundida. Sirius miró a los ojos de Hermione, con cariño.

-          ¿En serio crees que me da igual que te pase algo?

-          Eso… eso pensaba…

Respondió Hermione algo cohibida. Sí la tenía aprecio. ¡Bien!.

-          Hermione, me importa todo lo que te pase, no dejaré que nadie venga a hacerte daño.

Dicho esto abrazó a Hermione, y ella le abrazó a él. Fue un abrazo cariñoso, fue su primer abrazo. Él se lo daba con cariño, no quería perderla, para empezar por que era una chica especial y además porque sentía algo extraño hacia ella. Ella le daba su abrazo con amor, ya la daba igual si sentía amor por él o si solamente era cariño, lo importante era que él estaba ahí.

Estuvieron abrazados mucho rato. Cuando se tumbaron en la cama aún durmieron abrazados. A Hermione le daba una inusitada seguridad sentir el abrazo de Sirius y a Sirius le reconfortaba el abrazo de Hermione.


Fanfic: ¿Qué le pasa a Hermione? (III)

Published by PiRRa on July 29th, 2002

CAPITULO 3:

LUCHA DE PERROS.

Después de todo el lío de las toallas Hermione tenía serios problemas para mirar a Sirius a los ojos sin sonrojarse. Sin darse cuenta llegó la hora de la comida, que fue tan amena como la del desayuno, y sin saber cómo seguían sentados a la mesa cuando oyeron el ruido de unas llaves chocar contra la puerta de la casa. Sirius rápidamente cogió la varita de Hermione, recogió la mesa con dos palabras y un movimiento de muñeca, acto seguido dejó de nuevo la varita en su sitio y de repente Hermione se dio cuenta de que lo que tenía a su lado era un perro negro, no un hombre. Sus padres llegaban a casa después del congreso de dentistas.

-          ¿Hermione? ¿Estás por aquí?- oyó la voz de su madre que le llamaba.

-          Sí mamá.- Miró al perro y le dijo- ¿Y ahora qué?-.

Como respuesta el perro fue corriendo hacia donde estaban los padres de Hermione “¡Bien!” – pensó Hermione – “Así ya podrán echarme la bronca por haber traído un perro a casa”.

Y no se equivocaba. Su madre le miró con cara de enfado a la vez que señalaba al perro y decía:

-          ¿Qué es esto?

La reacción de su padre fue diferente, a él le encantaban los animales, él se agachó y acarició la perro, mirando a Hermione con cara de te has metido en un lío con mamá.

La discusión entre su madre y ella fue tan larga como ella sospechaba pero no por lo que ella pensaba.

-          Pero mamá es un buen perro, no hace nada malo y hace caso a todo lo que le dices.

-          Pero ya tienes a Crookshanks, Hermione – respondió su madre a modo de reprimenda.

-          Pero, es que Si… Hocicos – recordó como pidió él que le llamaran frente a los demás – es muy bueno, no va a hacer nada malo, además protegerá la casa de ladrones…

-          ¿Así que el perro se llama Hocicos?

-          ¡Guau! – Sirius ladró como para decir que había oído su nombre

Estuvieron como 10 minutos hablando del perro, pero ella quedó convencida de que era bueno cuando el perro le llevó las zapatillas de estar por casa al salón para que se las cambiara por los zapatos, además de hacer prometer a Hermione que ella sería la única que estaría encargada del perro y que todo lo que pasara con él era por cuenta de ella.

La gran bronca (que duró los 50 minutos siguientes) vino a cuenta del “cambio de look de Hermione”, por supuesto su madre no le dio permiso a su hija para llevar el pelo de aquella manera y llamó inmediatamente a la peluquería para coger hora al día siguiente y así devolverle el color original (o por lo menos un color parecido al original) al pelo de Hermione. Aparte de la reprimenda también se inició una especie de conversación madre-hija que trataba sobre si Hermione se había cambiado el color del pelo para que también cambiara la actitud de los chicos hacia ella. Al llegar a este punto, Hermione ya sabía lo que su madre la iba a decir, lo sabía de sobra ya que llevaba repitiendo el mismo discurso desde que ella le había comentado que quería cambiar de look) y por eso dejó su mirada vagando por el salón, hasta encontrarse con el perro. -”¡Sirius estaba oyendo toda la conversación!”-. Se levantó de repente del sofá en el que estaba sentada como si uno de los muelles del colchón se hubiera soltado y la hubiera hecho saltar.

-          Mamá tengo que sacar al perro – dijo escuetamente mientras echaba una mirada a Sirius y cogiendo sus llaves que estaban en la mesita de la entrada abrió la puerta, dejó salir al perro y detrás salió ella cerrando con algo que parecía ser un amago de portazo.

-          Vamos a ir al parque – dijo al perro, ella no se olvidaba de que aquél perro no era un simple perro, era Sirius, y era una persona, no sabía cómo se las iba a apañar desde ahora para que sus padres pensaran que él era un perro y para que él no tuviera que llevar una vida de perros.

Mientras por la mente de Sirius pasaban otras muchas cosas. “¿Por qué tenía que salir a la calle? ¿Es que no puede encerrarse en su habitación en vez de huir de su madre? Veamos… Tengo que vigilar, si vamos al parque como ella ha dicho seguramente habrá mucha gente por lo que no creo que la ataquen allí, aunque eso de que haya mucha gente dará igual… a ellos eso les da totalmente igual…”

-          Hocicos te quedarás en mi casa un tiempo ¿verdad?- preguntó Hermione al perro.

-          ¡Guau!- ladró Sirius, queriendo decir un sí.

-          Me tomaré eso como un sí…- dijo Hermione- tendré que comprar una correa… no es normal que te lleve así por la calle…- de nuevo ella se metió en sus pensamientos y él en los suyos.

Al doblar una esquina se encontraron con un señor que iba vestido de negro (pantalones negros, camisa negra y una gorra negra) acompañado por un perrazo gigante con unos colmillos demasiado afilados.

Hermione y él se chocaron al girar.

-          ¡Lo siento, perdone!- dijo rápidamente Hermione

-          Tranquila, no importa.- contestó el hombre que según se fijó Hermione también llevaba a su perro sin bozal ni correa.- Un perro muy bonito…- dijo el desconocido.

-          Eh… gracias.

Cuando Hermione y Sirius se disponían a segur su camino y el desconocido y su perro se disponían a imitarles algo ocurrió. Sirius con su oído de perro llegó a captar un sonido que Hermione no había captado. De inmediato se puso delante de ella y gruñó enseñando los dientes. El desconocido le había dado la orden a su perro de atacar a Hermione, y eso era lo que él tenía que evitar.

Durante los primeros segundos todo fue muy confuso para Hermione, los perros se enzarzaron en una pelea en la que las armas eran los colmillos afilados y las zarpas. El desconocido miraba la pelea sin inmutarse y Hermione estaba demasiado asustada como para poder moverse. Cuando de repente recuperó el movimiento intentó ponerse entre medias de aquél perro y Sirius, no quería que le dañaran, pero gracias a dios (o a la coincidencia, o al destino…) apareció un policía.

-          ¿Qué pasa aquí?- preguntó el policía- ¿Por qué este perro no lleva correa?- cuestionó a Hermione señalando a Sirius.

Hermione se dio cuenta de que de repente el perro del desconocido llevaba bozal y correa (habían aparecido como por arte de magia) y que además había dejado de agredir a Sirius-Hocicos haciendo como que no había pasado nada.

-          Pues, señor… – Hermione pensaba rápido y aunque no era tan buena como Ron y Harry inventando excusas terminó diciendo- mi perro no lleva correa por que hoy cuando iba a salir con mis amigos se escapó y lo vengo siguiendo hasta aquí que se encontró con este otro perro y pararon a olerse, usted sabe. Bueno, muchas gracias señor por ayudarme a encontrara mi perro, adiós- dijo dirigiéndose al desconocido y echó a andar hacia su casa con Sirius a su lado.

Llegaron a su casa, Hermione bastante confusa por todo lo que había pasado, y Sirius-Hocicos cojeando, pues el otro perro le había pegado un mordisco en una pata.

La madre de Hermione había preparado la cena, Hermione se dejó la mitad- “Sirius tendrá que comer algo que no sea la comida de perros que ha comprado papá”- pensó. Aquel día Hermione recogió la mesa mientras sus padres se quedaban en el salón a ver la televisión, cogió un plato, puso algo de comida en él y lo llevó a escondidas a su habitación. Volvió de nuevo a la cocina y le dijo a Sirius que la esperara en su habitación, pasó por el salón y les dijo a sus padres que estaba muy cansada y se iba a ir a su habitación para leer un libro y luego se dormiría, y además Hocicos dormiría en ella para no molestarles, también les dijo que cerraría la puerta para que el perro no saliese a dar vueltas por la casa y estropeara algo. De camino pasó por el baño y cogió el botiquín. Una vez en su habitación cerró la puerta con cerrojo y Sirius se transformó en persona de nuevo.

Estaba malherido, pero no tanto como Hermione había pensado tras presenciar la pelea. Tenía un corte en el labio, una mano mordida y un corte cerca de la ceja. Sirius primero tomó un poco de la comida que Hermione le había traído, pero al morder se le abrió de nuevo la herida del labio, Hermione cogió en botiquín y sacando un poco de algodón, agua oxigenada y varios utensilios más pidió a Sirius que se sentara en la cama con ella para poder curarle el labio y las demás heridas. Comenzó por la mano, que tomó entre las suyas y la puso encima de su rodilla no había sido nada serio, puso un par de gasas para que se le curara más rápido. Luego pasó a la ceja… era difícil, pues Sirius era bastante más alto que ella así que ella se sentó tipo indio y le pidió que se tumbara en la cama y pusiera su cabeza sobre las piernas de ella. Estuvo un buen rato con la ceja, pues se abría muy fácilmente en cuanto Sirius movía el ojo o hacía uno de sus gestos, pero Hermione consiguió que no se le abriera más poniéndole unas tiritas especiales. Pasaron al labio… Sirius se sentó en la cama mientras Hermione iba echando el agua oxigenada en un nuevo trozo de algodón. Miró el labio, alzó la mano para poner el algodón sobre el pero cuando lo hizo la mano de Sirius cogió la suya y la aparto. Le dolía. Hermione le miraba a los ojos penando -”Yo no te quiero hacer daño, sólo quiero curarte, si en vez de con esto lo pudiera hacer con besos…”- se ruborizó y apartó la mirada. Sirius con la otra mano que tenía libre la llevó hacia la barbilla de ella para hacerla mirarle de nuevo a los ojos.

-          No me duele, sigue.- dicho esto la soltó la mano y la barbilla.

Un hilo de sangre caía del labio de Sirius, ella pasó un dedo por el labio para quitar la sangre, él se estremeció y ella notó como él se estremecía. Se ruborizó de nuevo, pero esta vez no era la única persona en la habitación que estaba ruborizada, Sirius también.

Hermione volvió a intentarlo con el algodón, después de un rato, ya había terminado con el labio.

Su cara estaba muy cerca de la cara de él. Ella quería besarle, pero, algo en su interior se lo impedía, para ella Sirius era lo algo parecido al padre de Harry, y no estaba bien hacer eso.

Él también quería besarla, pero ella tan sólo era una niña… no estaba bien hacer eso.

A pesar de los sentimientos contradictorios en sus mentes sus caras se acercaron un poco más. Los dos deseaban ese beso… Hermione giró la cara y se apartó.

-          Tengo que ponerme en pijama, por favor date la vuelta.

Sirius se sobresaltó por el comportamiento de ella, casi habían llegado a besarse, lo que quería decir que ella también quería, -”pero algo la había hecho parar”- pensó mientras se levantaba de la cama y se ponía delante de la puerta mirándola, como si tuviera algo de interesante. Le ponía nervioso saber que ella se estaba cambiando de ropa. Entrelazó las manos detrás de su espalda. Cerró los ojos, no quería tener la tentación de mirar.

-          Ya está.

Sirius se giró, ya se había cambiado, llevaba un camisón blanco hasta las rodillas -”que bonitas piernas”- le dio por pensar, al mirarla.

-          Ten, esto te servirá de pijama, yo me daré la vuelta, no te miraré, lo prometo.

Le dijo Hermione tendiéndole un pijama gris que probablemente era de su padre, a la vez que se giraba y se cruzaba de brazos.

-          Gracias – contestó Sirius.

Hermione aunque estaba de espaldas también cerró los ojos tal y como había hecho Sirius, no quería verle desnudo… -”bueno sí… ¿Sí? Hermione, estás tonta”- se recriminó -”¿Cómo puedes pensar esas cosas tan…? Ni que fueras una Parvati o Lavender.”- Recordaba como ellas hablaban de los chicos en la habitación de Hogwarts. Que si George Weasley tenía un culo tal… que si Ron tenía una cara muy mona y unas espaldas… que si Harry tenía unos ojos preciosos y un buen culo… que si Draco se veía muy sexy enfadado… Pero ella no era de esas -”¿O sí?”- se preguntó a sí misma. No pudo responderse porque Sirius interrumpió sus pensamientos.

-          Ya está, puedes darte la vuelta.

-          Bien, podemos dormir los dos en mi cama es suficientemente grande

Sirius se sorprendió. -”¿Dormir juntos? ¿En la misma cama?”- fueron las primeras cosas que se le vinieron a la cabeza, luego seguidamente pensó -” ¿Podré sentirla a mi lado y evitar la tentación de besarla?”-.

Hermione se tumbó en la cama, en un lado, dando la espalda a Sirius, él se acostó de la misma manera, espalda con espalda.

Cada uno deseaba sentir los labios del otro en los suyos, y ninguno de los dos conseguía dormir…


 


Fanfic: ¿Qué le pasa a Hermione? (II)

Published by PiRRa on July 27th, 2002

CAPITULO 2:

PRIMER FLECHAZO.

Sirius despertó. Se sentó en el sofá y vio asombrado que su mano sostenía la de Hermione que estaba sentada a su lado. Al parecer ella había dormido allí. La miró, tenía una cara tan dulce, además, el pelo de ese color le quedaba muy bien y se parecía mucho a… a… ¿Lily? No podía creerlo, de no ser por que Hermione tenía los ojos azules, sería un fiel retrato a Lily cuando tenía esa edad. Las mismas formas, la misma suavidad de la piel, pensó mientras le acariciaba la mano. Se acercó a ella y la olió el pelo, olía tan dulce. Soltó su mano suavemente y la cogió en brazos para llevarla a su habitación, la dejó en su cama y la arropó con mucho cariño. La besó, un tierno beso en sus labios, casi tan sólo los rozó, pero ese roce provocó un estremecimiento en el cuerpo de aquel hombre.

Volvió a bajar al salón, pues aún era temprano y se volvió a tumbar en el sofá, con las manos por detrás de la cabeza y los ojos abiertos, pensando. Hermione le recordaba a Lily, si, pero él nunca se había enamorado de ella, sobre todo por James, ella era su chica, y aunque Lily y él habían estado juntos un par de semanas cuando estudiaban en Hogwarts nunca habían conectado tanto como James y Lily. Pero, más que a Lily, a lo que le recordaba Hermione era a sus años de soltería (bueno, aún seguía soltero) en Hogwarts, aquellos planes que hacía para conquistar a las chicas, aquellas bromas absurdas para llamar su atención, normalmente su aspecto las atraía, pero si luego caían rendidas era por su forma de ser, o al menos eso era lo que él pensaba. No tuvo ninguna relación lo suficientemente seria en Hogwarts como para después casarse… como habían hecho Lily y James. Luego todo comenzó a complicarse, se hizo auror, Voldemort comenzaba a ganar muchos seguidores y él, como auror, debía pararle los pies, claro que tuvo tiempo para cosas bonitas como la boda de James y Lily y el nacimiento y bautizo de Harry. Luego ocurrió lo de Peter y se lo llevaron a Azkaban. Allí tampoco había podido recordar nada bueno, ni experimentar la alegría, ni el amor. Y, ahora que era libre, tampoco podía por que Voldemort había vuelto de nuevo, todos le buscaban por un asesinato que no cometió y huía de la justicia. Pero, ahora, de repente se encontraba con la dulzura de aquella niña, que le recordaba sus tiempos de joven, y una extraña llama corría por su interior. No podía explicarse lo que era, solo sabía que sentía algo muy extraño.

De nuevo se sentó en el sofá, no podía estar quieto en un sitio durante demasiado tiempo, su instinto de fugado se lo decía, pero allí estaba seguro, y si no se convertiría en perro y nadie se daría cuenta de nada. Quizás podría ser, durante un tiempo, el típico perro que toda familia muggle tenía. De repente algo extraño se le subió a las rodillas. Después de un susto, lo miró y se dio cuenta de que solamente era el gato de Hermione, Crookshanks. A lo mejor los padres de Hermione ponían alguna pega a que se quedara contaba con Crookshanks para demostrar que perro y gato podían vivir tranquilamente juntos.

Oyó un ruido que provenía de la habitación de Hermione, al perecer ella se había despertado. Se levantó y se dirigió a la cocina, iba a prepararle a Hermione un desayuno para chuparse los dedos, con magia, claro. Cogió la varita de Hermione que estaba encima de una de las estanterías de la cocina, junto a un poco de dinero mágico.

Unos movimientos, algunas palabras y para cuando Hermione llego a la cocina la mesa estaba llena de tortitas, tostadas, beicon y demás cosas, todas muy ricas. Ella, aún adormilada, le miró, luego miró la mesa y de nuevo le miró a él, sonrió.

-          Gracias Sirius, no tenías que haberte molestado- dijo Hermione.

-          No es ninguna molestia preparar el desayuno a tan hermosa joven que me ha dado su hospitalidad- respondió él con media sonrisa en la cara y un ligero guiño de ojo mientras separaba una silla de la mesa para que Hermione se sentara allí.

Ella un poco ruborizada por tanta atención, sobre todo porque la atención provenía de Sirius, se sentó en la silla que él le había acomodado y le animó a sentarse enfrente de ella. Cuando Hermione le pidió que le pasara una de las tostadas, él se la dio y al hacerlo le rozó la mano. Ya era la segundo vez en muy corto tiempo que lo hacía. Él, como desviando la atención a otro punto dijo:

-          Te vi esta mañana dormida en el sofá, a mi lado… ¿por qué?

-          Bueno… – Hermione vaciló a la hora de contarle a Sirius lo que había pasado, no quería que él supiera que ella le había dado un beso y que por eso él le había dado la mano- oí… oí ruidos en el salón… al parecer tenías una pesadilla, con los padres de Harry.

Esto último lo dijo rápidamente como si no quisiera que él se diera cuenta de lo que había dicho, pero aún así él le había entendido todo lo que había dicho. Sirius bajó la mirada y la clavó en el mantel de flores azules y rosas que cubría la mesa donde estaban tomando el desayuno.

-          Recuerdo esa… pesadilla.- contestó escuetamente, recordaba a la perfección la pesadilla, solo que al final, en vez ocurrir lo de siempre, recordar su estadía en Azkaban viendo como James y Lily le echaban la culpa de todo lo que había pasado, había visto a Lily diciéndole que le perdonaba, que no había sido culpa suya, entonces la pesadilla se había convertido en un sueño y él no había vuelto a soñar más veces en toda la noche con aquello, lo que le resultó muy extraño ya que todas las noches él tenía esos sueños y nunca hasta ahora habían terminado de esa manera.

-          ¿Me llevaste a mi cama… no?- preguntó Hermione, intentando sacarle de sus malos pensamientos.

-          Sí, pensé que no habrías dormido bien sentada a mi lado.

Hermione se sonrojó mientras pensaba que había sido una de sus mejores noches, rememoró aquellos lentos minutos que ella había pasado acariciándole el pelo y la cara mientras tenía extravagantes ideas sobre cómo sería darle un beso en los labios, como sería sentir sus brazos alrededor de su cintura, como sería sentir sus labios rozando con su piel y como sería sentir el calor de su cuerpo en la misma cama, nunca había tenido esas ideas con ninguna persona hasta el momento claro que eso no podía decírselo a él, así que simplemente respondió:

-          No ha sido ninguna molestia, a veces me quedo ahí dormida leyendo, en serio no me ha molestado lo más mínimo- a la vez que decía esto le miró a los ojos y le sonrió, tenía la extraña sensación de que aquél hombre había sufrido tanto que necesitaba sentirse seguro por una vez en su vida, y que ella con esas sonrisas podía darle algo de seguridad.

-          Bueno, creo que ya es hora de recoger, ¿no?- cambió de tema Sirius.

-          Sí, creo que sí.

Recogieron la mesa entre los dos de manera muggle. Después, recogieron las sábanas del sofá en las que había dormido Sirius y Hermione se las llevó para guardarlas en el armario correspondiente dejando a Sirius en el salón. Hermione después de guardar las sábanas de Sirius hizo su cama. Acabó de hacer la cama y cuando se disponía a poner encima los muñecos se quedó quieta pensando- ¿Y si Sirius entraba en su habitación y veía la cama llena de muñecos? Seguramente pensaría que era una cría… y no quería eso – Cogió todos los muñecos y los metió en un baúl que estaba a los pies de su cama, no era el baúl de Hogwarts, ése lo tenía desde pequeñita, cuando terminó de guardar los que estaban apilados en el rincón se dio cuenta de que faltaba uno…  ¿Dónde estaría su osito Teddy?  Recordaba habérselo dado a su madre el día anterior a su viaje y ella lo había dejado en el baño… ¡Lo tenía que coger antes de que Sirius lo viera! Corrió hacia el baño, entró y vio el osito encima del cubo de la ropa sucia, lo cogió y justo cuando iba a salir se dio cuenta de que no era la única persona que estaba en el baño.

-          ¿Hermione, eres tú?- Preguntó un hombre desde la ducha

-          ¡Oh! Sí, soy yo. Lo siento Sirius, perdona, no sabía que te ibas a duchar, que te estás duchando, eh…- No sabía qué hacer, estaba en el baño con el hombre más guapo del mundo desnudo en la ducha… ¡desnudo!

-          No importa Hermione, pero, por favor… ¿podrías salir del baño? Es que yo quiero salir de la ducha… y…- replicó Sirius que estaba sonrojado hasta las orejas, era algo muy extraño lo que le ocurría, su corazón y su cuerpo le gritaban, abrázala, bésala… pero su mente decía, dila que se marche es sólo una niña…

-          Si claro, perdón.- respondió Hermione mientras se marchaba a todo correr con el osito en brazos hasta su habitación, en la que se encerró.

Metió el osito en el baúl y se echó en la cama con la cara más roja que la de su amigo Ron cuando se azoraba. Se tapó la cara con las manos, sus mejillas ardían, una sonrisa tonta se había instalado en su cara al ver aquella silueta por detrás de las cortinas de la ducha…tenía unas espaldas tan… y un culito tan… pero… ¿Cómo podía estar pensando eso de Sirius? Él era un adulto y ella tan sólo una adolescente… ¿Qué la estaba pasando? ¿Acaso sentía algo más que cariño hacia él? No podía ser otra cosa… no podía ser amor…

Mientras en el baño Sirius pensaba cosas muy parecidas, o por lo menos no muy diferentes a las que pensaba Hermione.

¿Qué acababa de ocurrir? ¿Por qué había estado tan confuso a la hora de decirla que se marchara de allí? Eso era lo que él suponía que debía hacer, y es lo que hubiera hecho cualquier adulto – pensaba Sirius mientras salía de la ducha y ataba una toalla alrededor de su cintura – Hermione le estaba confundiendo, quizás porque hacía mucho tiempo que no tenía sentimientos de cariño hacia una persona… – de repente Harry le vino a la mente- bueno, no hacia personas con las que no se sintiese unido familiarmente, o hacia personas del sexo contrario – salió del baño dirigiéndose hacia la habitación de Hermione – seguramente ella quería ducharse y no sabía que yo estaba allí dentro, voy a decirle que ya se puede meter, que yo ya he salido.

Llamó a la puerta de la habitación que estaba entornada y dijo:

-          Hermione, si quieres te puedes duchar, yo ya he salido.

-          Gracias Sirius, ya voy.

Hermione pensó que sería bueno pegarse una ducha de agua fría y así poder aclarar sus pensamientos… o sus sentimientos, o sus lo-que-fueran.

Cogió su ropa (que le costó elegir bastante más tiempo del normal) y se fue al baño, no vio a Sirius de camino, pero mejor no verle, de momento no podía mirarle a los ojos sin pensar en lo que acababa de ver en la ducha.

Sirius estaba en el salón, pensando en Hermione, y en Lily. << Quizás tengo estas extrañas confusiones de sentimientos por que ahora Hermione se parece mucho a Lily y como a mí me gustó ella en Hogwarts por eso me pasa… sí, es por eso… además yo he crecido y ya soy un adulto, no puedo estar jugando ahora con estas niñerías del amor sobre todo ahora que estoy aquí porque ella está en peligro, tengo que hacer lo que sea para que no la ocurra nada, porque es mi deber y eso es por lo que he venido aquí >>.

Hermione iba a salir de la ducha y buscó con su mano la toalla… ¿Dónde está la toalla? – apartó las cortinas para mirar alrededor… no estaba en el baño… Salió fuera de la ducha cubriendo una pequeña parte de su cuerpo con una mano, volvió a buscar… no había toallas. Lo peor es que estaban en el armario de al lado del baño, pero fuera de él, y Sirius también estaba fura. Abrió la puerta una rendija suficientemente grande como para poner la boca en ella para llamar a Sirius.

-          ¡Sirius!… ¿Estás por aquí?- preguntó con la voz algo turbada ya que estaba desnuda y aunque él no pudiera verla, le daba vergüenza.

-          Si Hermione, ¿Qué quieres? ¿Te pasa algo?

-          No, no me pasa nada… bueno sí… es que no hay toallas aquí y eh… ¿Me podrías pasar la que has usado?

-          Pues, yo te la daría, pero antes tendrías que dejar que entrara para vestirme.- contestó acercándose un poco a la rendija.

-          ¡Oh! – Hermione vio de refilón que la única toalla que había en el baño la había cogido él y que la llevaba puesta alrededor de la cintura, no podía pedírsela…- bueno, pues, hay un armario ahí a mano derecha ¿lo ves?.

-          Sí, aquí…

-          Bueno, ¿Podrías pasarme una de esas toallas por favor?

-          Sí, claro- Sirius cogió una toalla como la que él llevaba y se la pasó a Hermione por la rendija de la puerta, él no quería mirar, no quería verla desnuda pero su mirada no obedeció la orden de apartarse de la rendija entonces vio como uno de los preciosos ojos de Hermione se posaba en los suyos, se miraron a los ojos, no supo nunca decir di fueron unas milésimas de segundo o si fueros minutos enteros, pero la verdad es que cuando ella apartó la mirada y tiró de la toalla hacia adentro su mirada captó por unas milésimas de segundo el contorno de las caderas de Hermione.


Fanfic: ¿Qué le pasa a Hermione? (I)

Published by PiRRa on July 25th, 2002

CAPÍTULO 1:

HERMIONE… NUESTRA QUERIDA HERMIONE

Era por la mañana y el sol comenzaba a desplegar sus rayos por todas partes, uno de ellos se coló por entre los agujeros de la persiana de la habitación de Hermione. Ella misma había dejado la persiana entreabierta la noche anterior pero se arrepintió de ello cuando el rayo de sol al pasar por uno de los agujeros le dio directamente en un ojo y la hizo despertarse.

En verano nunca se levantaba temprano, tampoco estaba las horas muertas en la cama, pero la gustaba disfrutar un poco de las cosas buenas que tenía el no ir al colegio y estar de vacaciones.

Echaba mucho de menos a Ron y a Harry… extrañamente al recordar aquel último beso que había dado a Harry cuando se despidieron en King Cross se puso colorada. Se sentó en su cama y se llevó las manos a las mejillas… estaban calientes. No podía entender por qué se ruborizaba de aquella manera al recordar aquél beso tan simple.

-        “En fin”- pensó -”fue sólo un beso de amigos y además, lo hice porque tengo miedo de que algo malo le pase, es normal, somos amigos y es normal que me preocupe por él”

Se levantó y fue hasta el espejo de su armario en el que se miró a sí mismo y dijo:

-        ¿Verdad que es normal?

El reflejo no le respondió, lo único que hizo fue devolverle el mismo gesto de incredulidad que ella tenía en su cara. Miró el reloj… eran las 7:00 de la mañana. Como oyó ruidos en la cocina decidió bajar a desayunar, pues su madre o su padre (probablemente su padre, dedujo por los golpes de las cacerolas) ya estaba despierto.

Después de ayudar a su padre a preparar un desayuno en condiciones (bueno, más bien lo preparó ella sola) desayunaron los dos juntos en la mesa de la cocina, mientras el señor Granger untaba las tostadas con algo de mermelada y Hermione apuraba su vaso de leche una lechuza llegó con el Profeta. Hermione buscó un par de monedas en la estantería de la cocina, se las puso a la lechuza en la bolsita y ésta se fue. A Hermione le gustaba estar enterada de lo que ocurría en el mundo mágico mientras ella estaba atrapada en su mundo muggle, y más ahora con la vuelta de Voldemort. Por lo visto aún no había señales claras de que hubiera renacido y estuviera actuando, lo único importante que había sucedido últimamente según había visto en los telediarios muggles había sido que un importante científico había dejado su carrera, cuando aún tenía solo 30 años y comenzaba a disfrutar de sus logros, también había habido un choque muy aparatoso de trenes, pero sin ningún herido y lo único que podía causarle alguna sospecha había sido la desaparición de una niña pelirroja en un pueblo de Londres… cuyo nombre no recordaba. Miró la portada y por suerte no había nada malo en ella, todo eran noticias sin importancia… hasta que llegó a la página 4.

SIRIUS BLACK VISTO CERCA DE LA CATEDRAL DE NOTRE DAME.Aunque la búsqueda y captura de este cruel asesino ha dado la vuelta al mundo mágico y ha sido reportada su foto al mundo muggle no se ha conseguido capturarlo. Un año después de su fuga de Azkaban, la única de la historia, se estuvo al borde de encarcelarlo de nuevo en Hogwarts, colegio conocido de Inglaterra. Pero también consiguió escaparse de Hogwarts y hasta ahora (dos años después de su fuga) no habíamos vuelto a saber nada del paradero del asesino seguidor de quien-ustedes-saben, que asesinó a trece muggles y un valeroso mago. Fue avistado por una bruja Francesa miembro del cuerpo de seguridad de muggles queriendo comprar comida en un establecimiento. Cuando la bruja llegó para arrestarlo se había desaparecido, al llegar los demás agentes no encontraron nada que pudiera darles una pista sobre su actual paradero.

A Hermione se le encogió el corazón al leer la noticia.

“Pobre Sirius”- pensó- “debía ser bastante mala la vida que llevaba, sin poder vivir tranquilo en alguna parte y teniendo que comer las sobras de los demás, sobre todo teniendo que vivir como un perro.”

Y en eso estaba pensando cuando la voz de su padre la devolvió repentinamente a la realidad.

-          Hermione, tienes que ir a comprar al súper, tu madre te ha dejado la lista en la puerta de la nevera, recuerda que hoy vamos al congreso de Dentistas y que volveremos mañana por la tarde. Pórtate bien.

-          Sí papá.

-          No hagas travesuras, la comida también te la ha dejado preparada tu madre en el microondas.

-          Vale papá, no te preocupes.

-          Y ten mucho cuidado ¿vale? No hables con extraños y…

-          ¡Papá que tengo 15 años!

-          Aún no, jovencita. Bueno, voy a recoger a tu madre y nos vamos

Su padre le dio un beso en la mejilla, se puso la chaqueta y cogió la cartera para metérsela en el bolsillo. Salió de casa y se dirigió hacia el coche. Hermione fue hasta la puerta de casa para decir adiós a su padre cuando se marchara y al pasar por la mesita del hall vio las llaves del coche, las cogió. Cuando llegó a la puerta y se asomó vio como su padre se palpaba todos los bolsillos de la chaqueta y volvía a casa.

-          ¡Papá! ¡Toma!

Su padre la miró y recibió las llaves que Hermione le había tirado, sonrío y dijo:

-          Te echaremos mucho de menos, peque.

Cuando el coche se fue Hermione cerró la puerta de su casa y pensó “Por primera vez me dejan sola en casa… ¿qué voy a hacer?” Y mientras estos pensamientos acudían a su mente se dibujó una sonrisa pícara en su cara.

Después de hacer lo típico, ver la televisión, escuchar música a todo volumen, y varios etcéteras más decidió ir a la compra, así podría ir de paso a la peluquería, así su madre cuando la viera no podría decirle nada.

Quería ir por que se había hartado de su pelo, ya en el baile de Navidad del año pasado había decidido hacer algo con ese pelo suyo, para empezar, se lo iba a teñir, porque quería un cambio radical “además”- pensó -”a lo mejor consigo que algún chico se fije en mí”. Extrañamente a su mente acudió la cara de Ron cuando la miraba en el baile de cuarto, porque aunque él no lo creyera ella había estado buscando a Ron y a Harry para verles. De nuevo se sonrojó. “Esto no puede seguir así Hermione”- se dijo a sí misma- “o sino cuando llegues a Hogwarts no podrás mirar a nadie sin sonrojarte”.

Cuando iba dirección a la peluquería se encontró con un perro que la seguía, al principio no le hizo mucho caso, millones de perros perdidos había en toda la ciudad, pero éste comenzó a ladrar para llamar su atención, corría a dando vueltas en torno a ella, cuando se paró, Hermione se agachó y le acarició… Era un perro grande y negro… ¿De qué le sonaba aquél chucho?

-          ¿Hocicos?- preguntó

El perro se limito a chuparle la mano y asentir con la cabeza mientras movía rápidamente la cola.

-          -¡Oh! Bueno, perrito, tengo que hacer unos recados pero puedes acompañarme y luego en casa te daré algo de comida ¿Vale?

Como toda respuesta recibió un ladrido.

Se dirigió a la peluquería primero, al llegar dejó al perro fuera, que la esperó, después se dirigió al supermercado y tras comprar las cosas que necesitaba volvió a casa.

Nada más cerrar la puerta de casa y girarse para llevar las bolsas a la cocina notó como alguien la ayudaba con ellas. Era Sirius.

-          ¡Oh! Perdona, ya no me acordaba.- comenzó a decir, sintiéndose un poco tonta.

-          No importa Hermione, estás sola en casa ¿verdad?- la preguntó.

-          Sí, mis padres se han ido a un Congreso y no volverán hasta mañana.

Sirius hizo un gesto, que parecía ser de triunfo.

-          ¿Y por eso te has teñido el pelo? ¿Para qué no te lo impidan?

-          Pues… sí- contestó, sonrojándose un poco.

-          Me recuerdas a alguien, pero ahora mismo no sé a quién…- dijo mirándola a los ojos- bueno, ¿podría quedarme aquí, por un tiempo?- dijo cambiando de tema.

-          ¡Pues claro!

Sirius le pidió permiso para darse una ducha, a lo que Hermione accedió, y mientras preparó la comida que su madre había dejado, cuando Sirius salió de la ducha parecía un hombre diferente, se había recortado un poco en pelo, y Hermione le había dicho que se pusiera algunas ropas de su padre, por lo menos mientras él no estuviera, para que pasara por un rato como si fuera una persona normal y corriente. Cuando apareció en la cocina todo arreglado, Hermione se le quedó mirando. Aquellos ojos negros tan profundos, y esa barba que se había dejado crecer, junto con su mejoramiento físico (parecía que había conseguido comer mejor) ya no estaba tan delgado, y se le notaban los músculos de los brazos.

Casi tira el plato de comida de la mesa.

-          Hermione, ¿estás bien?

Le dijo Sirius, a lo que ella contestó con afirmando con la cabeza.

Entre Hermione y Sirius pasaron un estupendo día, comieron juntos, hablaron del mundo mágico, de Harry, del mundo muggle, Sirius habló más que Hermione, le habló de algunos de los lugares donde había estado, entre ellos Francia, y al final del día entre los dos hicieron una cama en el sofá del salón para que Sirius durmiera aquella noche. Acordaron que cuando llegaran los padres de Hermione él se quedaría en el cuarto de ella.

Llegó la noche y cada uno se fue a su cuarto, o en este caso, ella se fue a su cuarto y él al salón. Hermione no se podía dormir porque tenía todo el rato en la mente la imagen de Sirius saliendo de la ducha, estaba colorada, menos mal que él no la veía. A las 3 de la mañana escucho ruidos extraños que la hicieron levantarse de la cama, provenían del salón. Hermione se dirigió hacia allí, eran gemidos… Cuando vio lo que realmente pasaba sentimientos de angustia y compasión se posaron en su corazón. Sirius se retorcía en la cama, y decía cosas como “No, déjales, cógeme a mí”, “Lily, te cuidado”, “James, no, yo no he sido”… Lágrimas salían de los ojos de aquel hombre atormentado por su pasado. Hermione se acercó y se sentó en el reposabrazos del sofá, y le empezó a acariciar el pelo diciéndole palabras tranquilizadoras. Mientras le acariciaba pensaba como serían sus labios, sus besos, en cómo sería un abrazo suyo. Se inclinó había él y le dio un beso en la mejilla. Él se levantó de repente, asustándola, y la dijo:

-          Lily, yo no he sido, créeme, nunca os haría daño.

-          Te… creo- contestó Hermione asustada.

-          Te quiero- contestó él antes de volver a quedar tumbado en el sofá mientras la cogía de la mano.

Hermione se quedó un tanto confusa después de aquello, le dio otro beso en la mejilla y le susurró al oído:

-          Descansa, Sirius.

Él respondió con una sonrisa, la primera vez que le veía sonreír. Se quedó dormida a su lado teniendo sueños, un tanto románticos con el padrino de uno de sus mejores amigos.