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Fanfic: ¿Qué le pasa a Hermione? (XI)

Published by PiRRa on August 28th, 2002

CAPÍTULO 11

NOCHE PARA TODOS:

Remus se acostó. Sirius hizo lo mismo. Harry llevaba durmiendo algunas horas. Ron dormía desde hace un buen rato. Pero…

Hermione abrió los ojos y le costó un buen rato moverse. Se había quedado dormida. Miró el reloj mágico de su mesilla. Marcaba las tres de la mañana (3:00 a.m.). Se levantó y miró alrededor. Sus compañeras de habitación estaban dormidas. Como aún quedaban varias horas para levantarse decidió volver a dormir, tenía que estar fresca para el primer día de clases. Justo al querer acostarse se dio cuenta de que llevaba aún la ropa de calle puesta. Cogió el pijama y se cambió lentamente. Pensaba en Sirius. Pensaba en todas aquellas veces que se habían cambiado de ropa juntos. En aquellas duchas que él se daba mientras ella hacía esfuerzos sobrehumanos para no mirar. Y ahora él se marcharía a saber dónde y a saber cuándo volvería. Ya había terminado de ponerse el pijama y comenzó a doblar la ropa para dejarla colocada a un lado. Pensó en aquellas noches que habían pasado juntos, abrazados, como si fueran una pareja. Se ruborizó. ¿Una pareja? ¿Sirius y yo? – pensó – ¡Ojalá!. Luego sus pensamientos se posaron en aquel beso que se habían dado, más bien que ella le había dado. Fue una lástima que justo entonces ocurriera la reacción del hechizo de las sombras. Se metió en la cama y se tapó, en aquel castillo siempre hacía frío, fuera la estación que fuese. Intentó cerrar los ojos y dormirse pero la habitación estaba demasiado oscura. Jamás había tenido miedo a la oscuridad, pero desde el ataque de las sombras le costaba dormir. Hasta ahora había tenido a Sirius a su lado que le brindaba calor y apoyo además de una extraña sensación de protección. A veces hasta la acariciaba el pelo. Abrió de nuevo los ojos, todo seguía igual, las sombras no se movieron. Se incorporó y echó las cortinas pensando que si las sombras quisieran entras por lo menos vería moverse las cortinas. Volvió a tumbarse en la cama. Decididamente echaba de menos a Sirius junto a ella. ¿Qué estaría haciendo ahora? ¿Dónde estaría?…

Sirius se revolvía en su cama con la frente empapada de sudor. Algunas de las sábanas que hasta hace poco le cubrían estaban tiradas por el suelo que rodeaba su cama. Tenía la parte de arriba del pijama desabrochada. Su pecho estaba perlado de sudor también. Su respiración era muy agitada. A veces para de respirar unos segundos pero luego suspiraba y volvía a respirar agitadamente. Gimió. Volvió a retorcerse en su cama. Empezó a decir cosas incoherentes como:

-          Vete de aquí. ¡Vete!

-          Yo no le he traído aquí James, yo no fui…

Lágrimas empezaron a salir de sus ojos, recorrieron sus mejillas y cayeron a la almohada. Tenía un nudo en la garganta que le impedía hablar.

-          No… yo no os… traicioné… pensé que… Peter era… mejor.

-          James, no… yo no quería…

Hay dos hombres frente a frente. Uno de ellos es Sirius y el otro es James (Potter). Se miran a los ojos durante largo rato, hay una diferencia increíble entre lo que dicen sus miradas. La de James irradia odio, mientras que la de Sirius está inmersa en temor. De repente James habla:

-          ¿Por qué nos entregaste? ¿Querías verme morir, verdad? ¿Eras el siervo de Voldemort, verdad?

-          No… James… escúchame, yo…

-          ¡Maldito espía!- grita alguien que aparece de repente.

-          Ambos se giran. Es Lily. Mira con desprecio a Sirius y se pone al lado de su esposo.

-          ¡Desconfiaste de Remus, tu mejor amigo!

-          No Lily, yo… nunca pensé que Peter pudiera…

-          Te equivocaste- sentenció ella sin dejar terminar de hablar a Sirius.- Él mismo te lo ha dicho esta noche ¿no le has oído? Se hundió por tu culpa. Se quedó sin amigos en una sola noche por tu culpa. Estuvo de luto por tu culpa, si no te hubieras negado a ser nuestro guardián nada habría pasado.

-          No… Remus…

Poco a poco puso sus brazos sobre sí mismo como protegiéndose de algo mientras no paraba de llorar, pero sin despertarse.

-          No… Remus…

Ron abrió sus hermosos ojos azules y dirigió su mirada al techo. Pensaba en Hermione. Había estado muy extraña en el viaje y en la cena. No era ella. A lo mejor la pasaba algo. Quizás estuviera preocupada por el regreso de quien-todos-saben. A lo mejor le preocupaba que volviera y acabara con Harry. Él también estaba preocupado por su amigo, pero sabía que de algún modo podría vencerle. Harry ya se había enfrentado con él varias veces y había salido bien, por suerte. No es que no se preocupara por él, es que se preocupaba pero no de momento. No ahora que todo parecía ir bien con respecto a ese problema. No le preocupaba tanto como lo que le pudiera pasar a Hermione.

Otros ojos se abrieron en la misma habitación, pero éstos eran de color verde esmeralda. Harry despertó de un extraño sueño. Estaba caminando por una calle extraña. De repente se paraba y miraba las tiendas. A su izquierda había una tienda de antigüedades tenía espadas y armas de ese tipo en el escaparate. A su derecha había una tienda de joyas. Entonces vio una silueta que se acercaba a la tienda de joyas. Le sonaba familiar. Se acercó con paso lento hacia la silueta. Era Hermione. Vio como entraba en aquella tienda. Él se limitó a acercarse al escaparate para ver de cerca lo que había. Pulseras, pendientes, colgantes, relojes… multitud de cosas brillantes. Un anillo llamó poderosamente su atención. Era un anillo de oro con una piedra roja en medio… Se parecía mucho a… Pero no podía ser… De repente algo comenzó a brillar y todo comenzó a dar vueltas. De un instante a otro unas sombras aparecieron y… Simplemente despertó. Se había destemplado… tenía demasiado frío para ser principios de Septiembre. Nunca había soñado con Hermione, y menos algo tan extraño… ¿Qué estaría ocurriendo? ¿Sería ese uno de sus sueños especiales que luego resultaban ser ciertos?

Remus tenía un sueño extraño, él y Sirius estaban sentados en el sofá de la sala común donde convivían ahora. Cuando así sin más Sirius se abalanzaba sobre él y comenzaron a besarse apasionadamente. Entonces Sirius se quedó quieto y separándose de él dijo:

-          No… Remus…

Se despertó al oír hablar a Sirius.

-          No… Remus…

Se levantó de la cama, se puso las zapatillas que había dejado a un lado y fue hacia la cama de Sirius. Aquella imagen le paralizó. Sirius tumbado en la cama retorciéndose con sudor en la frente y por todo el pecho. Llorando… y diciendo su nombre. Se sentó a su lado y le cogió una mano.

-          Tranquilo Sirius, estoy aquí.

-          No… Remus… yo no quería… hacerte… eso.

Remus alzó una ceja confundido. Sirius estaba hablando en sueños.

-          ¿El qué Sirius?- se aventuró a preguntar.

-          No… quería dejarte… solo… yo… no sabía… Peter…

-          Lo sé. Tranquilo, no importa.

-          ¿No… importa?- Sirius entreabrió los ojos, aunque seguía dormido.

-          Claro que no. Te perdono.

-          Quédate conmigo… Remus… quédate por favor…

-          Me quedaré contigo…

Remus se hizo un poco de sitio en la cama de Sirius y se sentó. Le acarició el pelo y vio como poco a poco su amigo se tranquilizó. De repente le vino a la mente el sueño que acababa de tener. Sólo fue un sueño… la mente te hace imaginar cosas que no son se dijo a sí mismo para calmarse y casi al acto quedar dormido.


 


Fanfic: ¿Qué le pasa a Hermione? (X)

Published by PiRRa on August 18th, 2002

CAPÍTULO 10:

ENCUENTRO DE AMIGOS:

Caminaron durante un buen rato hasta llegar a un pasillo que no tenía salida. Sirius se quedó parado y miró a Dumbledore.

-          ¿Es… aquí?- preguntó pensando en un pasadizo secreto o algo así.

-          Sí, tan sólo hay que tocar aquí- puso su mano en un ladrillo que estaba agrietado- y decir la contraseña. El señor Lupin puso: anul ya on. Ya te explicará como podéis cambiar la contraseña y las reglas que debéis seguir para que nadie os descubra. Yo tengo unas cosas importantes que atender ahora, además es tarde y supongo que estarás cansado. Buenas noches.

-          Buenas noches Dumbledore, y muchas gracias por ocultarme.

-          No hay de qué Sirius.

Y Dumbledore se alejó por el pasillo dejando a Sirius sólo. Alargó la mano hasta el ladrillo que Dumbledore le había indicado.

-          Anul ya on.- dijo.

La pared se movió y dejó una apertura lo suficientemente ancha como para que Sirius pasara. Nada más entrar la pared se cerró de nuevo. Sirius se fijó y se dio cuenta de que la pared tenía en mismo aspecto por ese lado, tenía el mismo ladrillo agrietado en el mismo lugar. Giró la cabeza y dirigió su mirada hacia un pasillo estrecho que había aparecido ante él. Avanzó con paso seguro hacia el final del pasillo. Llegando al final se encontró una sala parecida a la sala común de Gryffindor pero con diferentes adornos. Un hombre estaba sentado en uno de los sofás con un libro entre las manos. Sirius se quedó quieto observando a aquel hombre. No lo había visto en un año, pero no había cambiado nada, seguía siendo “su” Remus. El hombre que estaba sentado en el sofá se sintió observado y repentinamente alzó la vista. Un mechón de pelo blanco le entorpecía la vista, pero aún así reconoció a “su” Sirius. Dejó el libro en un lado y se levantó. Los dos hombres se quedaron mirándose a los ojos durante unos instantes. Finalmente Remus dijo:

-          ¿Ni si quiera vas a dar un abrazo a tu amigo?- y apoyó los brazos en sus caderas como si estuviera enfadado.

Sirius sonrió ante la reacción de Remus. No había cambiado nada. Estaba igual de delgado. Con su mechón blanco de pelo que le caía de vez en cuando en la cara y que le molestaba tanto, aunque nunca se lo había cortado. Puso también las manos en sus caderas y alzando una ceja le contestó:

-          ¿Pero usted y yo somos amigos? No le reconozco… ¿quién es usted? Se parece mucho a un compañero de colegio que tenía… Lunático creo que se llamaba.- cambió de posición y se llevó una mano a la barbilla como haciendo que pensaba.- No serás tú. ¿Eres Remsi? ¿El pequeño Remsi?

Remus quitó las manos de sus caderas y contestó:

-          Sigues siendo el de siempre… pensé que madurarías un año de estos.

-          Suele pasar. Anda ven aquí.- diciendo esto se acercó a su amigo y se abrazaron.

Después los dos se sentaron en el sofá grande, había muchas cosas que decir, y por una vez en casi 14 años tenían tiempo para ello.

-          Tenemos que hablar- dijo Sirius con voz grave.

-          ¿De qué?- preguntó Remus. No le gustaba escuchar esa voz en Sirius. No le gustaba que estuviera serio. Eso no era normal. Ni bueno.

-          ¡De todo!- volvió a recobrar la sonrisa- tienes que contarme como ha sido tu vida, desde que salí de Azkaban no hemos hablado. Y ahora que tenemos tiempo, habrá que aprovechar. Cuenta.

-          Bien, pues… – se pasó una mano por el pelo para apartar el mechón blanco de sus ojos- cuando te… llevaron a Azkaban no pude con todos los gastos del piso que habíamos alquilado así que me fui una temporada de nuevo a casa de mi madre, estuve trabajando en sitios de mala muerte hasta poder comprarme una cabaña a las afueras de Surrey. Más tarde todo siguió igual hasta que trabajé aquí con Dumbledore. Luego el último año he trabajado para él en la lucha contra Voldemort. Como antiguamente – dijo esta última frase con un deje de melancolía en la voz, a la vez que en su cara aparecía un gesto triste.

-          Yo también he vuelto a “trabajar” para Dumbledore.- frunció el ceño.- de hecho estaré aquí solo un tiempo hasta que pueda comenzar mi misión. Quizás no vuelva vivo.

Sirius cambió de postura en el sofá. Se tumbó apoyando su cabeza en el regazo de Remus, con los ojos cerrados, como en otros tiempos. Remus le acarició el pelo. Seguía siendo igual de suave que antes, pero más largo.

En la misma postura un Remus y un Sirius estaban en el sofá de un apartamento poco decorado. Era el piso que habían alquilado los dos juntos. Aquella fatídica noche en que James y Lily murieron.

-          Remus, Dumbledore me ha encomendado una tarea muy peligrosa. Quizás no vuelva vivo. Si es así cuida a James, Lily, Peter y al pequeño Harry, por mí. ¿De acuerdo?

-          Volverás. Estoy seguro de que volverás.

-          No lo creo igual. Antes pasaré a hacer un recado, luego me iré.

-          ¿Vas a aparecerte o llevarás la escoba?

-          Ninguna de las dos cosas. Iré en la moto.

-          Pero…- Remus iba a replicar, no quería que Sirius se marchara. Sospechaba que era el espía de Voldemort y si se iba no sabía si era para cosas buenas o malas. No quería desconfiar de su amigo, pero no podía dejar de hacerlo.

Sirius le miró a los ojos. Le calló con la mirada. Tenía un poder en sus ojos que Remus conocía muy bien. Había mirado esos ojos durante demasiado tiempo. Había observado a su amigo muy detenidamente, quizás demasiado. Hasta había soñado con él. Remus se reprendía a sí mismo por ellos, pero no podía evitarlo.

Remus acariciaba el pelo de su amigo mientras le observaba. Por fin Sirius comenzó a hablar. Entre los dos siempre había existido una gran confianza. Confianza que estuvo quebrada por un tiempo cuando Peter traicionaba al grupo. Pero de nuevo volvían a ser los amigos de antes.

-          Tengo que perseguir a unos extraños seres que ni siquiera Dumbledore conoce.

-          Ya me ha hablado de ellos. Yo tampoco descubrí nada.

-          Lo suponía. No sabré defenderme contra ellos. Igual que no pude defender a Hermione.- Sirius se estremeció al decir eso último.

Remus notó la reacción de su amigo. Intentó tranquilizarle.

-          He ideado algunos conjuros que puedas usar de protección. Mañana te los enseñaré.

Sirius se incorporó. Tenía los ojos brillantes.

-          Gracias Remus. Realmente tengo sueño… ¿dónde están las camas? ¿O no hay?

-          Jajajajajaja, claro que hay, sígueme.

Los dos hombres se levantaron. Remus cogió el libro que estaba leyendo antes de la llegada de Sirius y caminó subiendo unas cortas escaleras que llevaban a un dormitorio. Entraron y Sirius comprobó que el dormitorio también se parecía a aquél en el que había dormido una vez cuando vivía en el castillo. Tenía cinco camas, con sus respectivas cortinas, su mesilla y todo. Remus ocupaba la misma posición que había ocupado alguna vez. La segunda cama por la derecha. Sirius se tiró encima de la que supuso que sería su nueva cama. Eligió la tercera empezando por la derecha, al lado de Remus. Cerró los ojos. De repente notó como alguien le hacía cosquillas, abrió los ojos mientras se retorcía de la risa. Era Remus quien le hacía cosquillas.

Al ver que había abierto los ojos Remus paró y le puso el pijama en las manos.

-          Pedazo de vago… ¡cámbiate!

-          Voy…

Se sentó en la cama y cuando se disponía a quitarse la vieja camisa que llevaba puesta Remus carraspeo. Sirius le miró.

-          Allí está el baño… por si te quieres cambiar.

Sirius miro hacia donde Remus indicaba con el dedo. Estaba cansado. Su amigo tenía razón, seguía siendo un poco vago.

-          Paso, me cambio aquí, como si nunca nos hubiéramos cambiado juntos.

-          Si-si… claro.- Remus enrojeció. Aunque Sirius se comportaba como si esos 14 años no hubieran pasado, se sentía extraño teniéndolo cerca de nuevo.

Sirius cogió los bajos de su camisa y tiró hacia arriba intentando sacársela por la cabeza. Se le quedó atorada en el cuello y las mangas se quedaron atoradas en sus muñecas, dejando su torso al descubierto. Se levantó de la cama peleando con la camisa. De repente cayó en la cuenta de que no había desabrochado ninguno de los botones antes de quitársela.

-          ¡Bruto!- dijo Remus a la vez que se partía de la risa tumbado en su cama mirando los desesperados intentos de Sirius por deshacerse de su “camisa asesina”.

-          No te rías y ven a ayudarme.

-          No he oído las palabras mágicas.- dijo Remus con una sonrisa en la cara.

-          Porque no tengo una varita a mano que si no…- Sirius sonaba un poco enfadado.

-          Vale, quédate quieto.

Remus se acercó a Sirius. Mientras se acercaba le observó. No estaba igual que la última vez que le había visto. La estancia en casa de Hermione le había sentado bien y había vuelto a ser aquél chico que él conocía. A pesar de que los dos no eran ya unos chicos jóvenes como antes se mantenían bastante bien. “No como Snape…”- pensó Remus. Alargó su mano para desabrochar los botones del cuello de la camisa y sin querer rozó el pecho de Sirius. Apartó la mano rápidamente.

-          ¿Remus? ¿Sigues ahí? Quítame la camisa o me acabaré ahogando.- dijo Sirius.

Remus no pudo verlo, pero sonreía. Remus decidido alargó las manos y empezó a desabrochar los botones, con cierta dificultad. Por fin la boca de Sirius apareció debajo de la camisa, seguida de su nariz, y sus ojos.

-          Gracias Remus.- se fue de nuevo a su cama y se terminó de quitar la camisa. Se puso la parte de arriba del pijama.

Remus se quedó parado en medio de la habitación. Cuando volvió a pensar por sí mismo se fue a su cama e hizo lo mismo que su amigo. Se quitó los vaqueros que llevaba puestos, quedando solo en calzoncillos. Alargó la mano para coger los pantalones del pijama, pero no encontró nada. Se giró, buscándolos encima de la cama, pero no los vio. Al alzar la vista para preguntar a Sirius si los había visto, los encontró. Sirius los llevaba puestos en la cabeza, con las patas del pantalón como grandes orejas.

-          ¿Buscas algo?- preguntó Sirius con voz inocente.

-          Pero… ¿qué haces con mis pantalones en la cabeza?- hizo una mueca y empezó a reírse.

-          ¿Quién? ¿Yo? ¿Qué pantalones?- Sirius se hizo el tonto.

-          Anda que no estoy para juegos… – empezó a ir tras de Sirius para agarrar sus pantalones, pero Sirius de un salto le esquivó.- ¿Sabes que tienes… 37 años verdad?- preguntó Remus.

-          ¿37? ¿Ya tengo 37?- Sirius abrió mucho los ojos. Se sentó en su cama, se quitó los pantalones de su amigo de la cabeza y se los dio.

-          ¿Qué pasa? ¿Acaso no sabías que aún estando en Azkaban el tiempo sigue pasando?

-          No es eso Remus. No es eso. Soy demasiado mayor. Demasiado viejo.- una expresión triste apareció en su cara.- deberíamos acostarnos ya ¿No crees?

Dicho eso se tumbó en su cama dando la espalda a Remus y se tapó. Remus se quedó extrañado por el comportamiento de su amigo. “¿A qué se refería con: soy demasiado viejo…? ¿Demasiado viejo para qué?

Remus se sentó en la cama de Sirius. Pasó una mano por el pelo de su amigo y dijo:

-          Tener 37 no es ser demasiado viejo para nada. ¿Qué te pasa?

Sirius se revolvió en la cama y se tapó la cabeza con la sábana.

-          No importa. Déjalo. Ha sido un comentario estúpido. –la voz que salía de debajo de las sábanas pronunció aquél “estúpido” con rencor.

Remus frunció el ceño, no le gustaba ver a Sirius así, y menos por algo que él había dicho. Algo le pasaba, eso era evidente pero ¿cómo podría averiguarlo?. Decidió atacar con algo duro:

-          Entiendo. No confías en mí.

Se levantó y se fue a su cama a sentarse esperando la reacción de Sirius. Tal y como lo había esperado sacó la cabeza de entre las ropas de cama y dijo:

-          Sí confío en ti Remus, pero, en serio es sólo una tontería.- dijo con la misma voz apagada de antes.

-          Si es una tontería no entiendo por qué no me la puedes contar.- replicó Remus quien se sentó en su propia cama y se tapó las piernas.

Sirius suspiró. Pensaba en muchas cosas. Salió de entre las sábanas y se sentó en su cama, simulando a Remus. Pasó una mano por su pelo, como si eso pudiera hacer que sus ideas fueran más claras. Luego se llevó la mano a la barbilla tocando su incipiente barba de 4 días.

-          Remus… tú… ¿tú has tenido… alguna novia?- levantó la vista y la dirigió a los perplejos ojos de su amigo.- quiero decir, mientras yo estuve fuera- “Fuera”- pensó- “Ni que hubiera estado de vacaciones o algo parecido…”.

-          Pues…- se llevó la mano a la nuca y sonrió- realmente… no he tenido tiempo ni ganas para ello.

-          ¿Cómo?- Sirius se asombró- Pero… si eras un ligón… por lo menos yo te recuerdo así.- contestó con una sonrisa en la boca.

-          Sí… ya.- bajó la mirada a sus manos que estaban en su regazo- Creo que… tenía otras cosas que hacer. Además… sin ti, ni James ni… Peter- pronunció el nombre de su antiguo amigo con cierto asco- no era divertido.

-          ¡Oh! Entiendo.- Sirius bajó la mirada también. Oír hablar de James y Lily era muy duro para él. Aún se sentía culpable de lo sucedido. Se le hizo un nudo en la garganta y se le humedecieron los ojos. Remus se habría quedado tan sólo. En un día había pasado de estar rodeado por sus amigos y feliz a no tener ningún amigo y estar de luto. – Remus- le llamó sin mirarle.

-          ¿Sí?- contestó.

-          ¿Puedo… puedo sentarme contigo… ya que… estamos hablando?- preguntó.

Remus no contestó simplemente se hizo a un lado y abrió las sábanas para que Sirius se metiera con él en la cama. Sirius corrió a meterse en la cama de su amigo por que iba sin calcetines y el suelo estaba helado.

-          El suelo del castillo está más frío de lo que recordabas. ¿Verdad?- al hacer esta última pregunta pegó las plantas de sus pies a las piernas de Remus.

La única reacción que tuvo él fue pegar un salto en la cama y acto seguido comenzó una extraña guerra. Remus hincó sus dedos en los costados de Sirius haciendo que este se empezara a retorcer debajo de él mientras no podía para de reír. Al final los dos cayeron de la cama en un revoltijo de sábanas y piernas. Una vez en el suelo los dos se quedaron quietos. Remus encima de Sirius. Los labios de los dos hombres estaban a escasa distancia. Las manos de Sirius subieron por la espalda de Remus hasta sus hombros. Sus respiraciones eran agitadas. Las fuertes manos de Sirius cogieron los hombros de Remus y con sólo un movimiento se deshizo de él. Se levantó del suelo y extendió una mano para ayudar a Remus a levantarse. Él se quedó mirando la mano de su amigo. La cogió y se incorporó.

Esta vez fue Remus quien cortó la diversión.

-          Sirius mañana me tengo que levantar temprano y necesito dormir… ya sabes, la luna.

-          Oh, por supuesto.

Cada uno se fue a su cama y se acostaron.


 


Fanfic: ¿Qué le pasa a Hermione? (IX)

Published by PiRRa on August 8th, 2002

CAPÍTULO 9:

CHARLA CON DUMBLEDORE.

Los alumnos se vieron agasajados por los mejores festines de los elfos. La cena de bienvenida más rica que habían saboreado en todo el tiempo que llevaban allí.

-          ¿Cómo que estaré obligado a estudiar estudios muggles?- dijo Ron.

-          Tranquilízate… lo explicará después de la cena, supongo.- contestó Harry.

Los dos miraban a Hermione, que tenía un gesto extraño desde aquella mañana.

-          ¿Te pasa algo Hermione?- preguntó Ron.

-          ¿Qué? No. Nada… estoy normal… ¿Por qué?- preguntó ella mientras miraba la mesa de los profesores… -”¿Por qué había dos sillas vacías?”-.

-          Has estado todo el camino hacia aquí triste y aún ahora que llegamos sigues igual. ¿No te pasa nada? ¿Seguro?- insistió Ron.

Harry solamente miraba.

-          No, Ron, no me pasa nada ¿De acuerdo? Simplemente es que no me apetecía que comenzara el curso, eso es todo.- respondió.

Harry y Ron la miraron con los ojos desorbitados y la boca abierta.

-          ¿QUÉ?- preguntaron sus dos amigos alzando la voz.

-          Quizás deberías ir a la enfermería.- dijo Ron alzando una ceja.- no te hacen prefecta, no hablas en casi todo el camino, no quieres venir a clase…

-          Estás muy pero que muy rara Hermione.

-          ¿Os habéis fijado que no hay profesor contra las artes oscuras sentado a la mesa?- dijo, cambiando de conversación.

Sus dos amigos giraron la cabeza para ver si era cierto…

-          A lo mejor llega luego.- dijo Harry.

-          Psé, puede ser.- comentó Ron.

Cuando el banquete acabó y las comidas restantes desaparecieron Dumbledore se levantó de nuevo y volvió a hablar.

-          Queridos alumnos. La materia de estudios muggles será obligatoria, como ya he dicho antes porque creo que es necesario tener conocimientos sobre ellos, que viven hombro con hombro con nosotros. Los libros, no os preocupéis, os serán dados el primer día de clase. El profesor de Criaturas Mágicas, Hagrid, no vendrá hasta finalizado este mes, por tanto las clases no comenzarán hasta que él regrese. Y… con respecto al profesor de Defensa contra las artes oscuras, seré yo.

Hubo un silencio aún más denso del que había ya en el salón. ¿Dumbledore? Entonces las cosas estaban graves.

-          Claro- continuó hablando Dumbledore- que sólo estaré hasta que encuentre a otro profesor con mejores conocimientos.- al final de esta frase sonrió (¿por qué?)- Ahora, por favor seguid a los prefectos a vuestras respectivas casas y nos veremos mañana en el primer día de clases.

Todos los alumnos se levantaron. Hermione se quedó quieta unos segundos… si no iba con los prefectos no podría saber la contraseña para entrar a su casa… bueno… le preguntaría a Dumbledore… -”Él tiene que saberla”- pensó.

Dijo a los chicos que se verían al día siguiente, que tenía que ver a Dumbledore. Ellos se quedaron bastante extrañados, pero no dijeron nada, simplemente siguieron a todos los demás alumnos.

Hermione caminó hacia el despacho de Dumbledore. La profesora McGonagall la esperaba al lado de la gárgola.

-          Señorita Granger, la contraseña del despacho es: Alborum y la contraseña de la casa Regias rosa. Espero que no se acueste demasiado tarde, mañana hay clase. Y…- añadió esto mirándola a los ojos con expresión cariñosa- el profesor Dumbledore te hablará de lo de ser prefecta.

-          Gracias Profesoras McGonagall.

La profesora se fue lentamente por el pasillo dejándola en frente de aquella gárgola.

-          Alborum- dijo.

La gárgola se hizo a un lado y la dejó pasar. Hermione subió con paso decidido una escalera que había. Al acercarse a una puerta oyó voces. No era su naturalidad quedarse escuchando detrás de una puerta pero en este caso lo hizo.

-          Ten en cuenta que es muy peligroso. Tu vida podría estar en juego.

-          Estoy absolutamente seguro. Quiero hacerlo. Es importante y yo creo que soy el indicado para ello.

Hermione había distinguido las voces de Sirius y Dumbledore al otro lado. -”¿Sirius? ¿Para qué era el indicado?, ¿Un asunto peligroso?”-.

-          Bien, entiende el compromiso que aceptas. Si fracasas estaréis en gran peligro. Tú y ella.

-          Lo sé, por eso quiero hacerlo.

Hermione no entendía nada -”¿Sirius se va a un sitio en el que puede perder la vida? NO. No puedo dejarle ir.

De repente la puerta en la que apoyaba se abrió. Ella casi cae encima de quien estaba abriéndola pero se enderezó a tiempo.

-          ¿Profesor Dumbledore?- dijo mirando hacia arriba. Él había abierto la puerta.

-          Entra, es mejor que oigas esto.

Aunque Dumbledore dijo esto con cara de preocupación, parecía que no le importaba que ella supiera de aquél asunto. Pero Sirius tenía una cara completamente distinta. Parecía decir ¡No, por favor! A gritos con sus ojos. Dumbledore y él se miraron.

-          Es mejor que lo sepa, Sirius.

-          Mhm- Sirius hizo un sonido como diciendo… si usted lo dice… así se hará.

-          ¿De qué tengo que enterarme? ¿Puede explicármelo?

-          Si Hermione, veamos, Sabemos que Voldemort va detrás de muchos muggles del colegio por que quiere aterrorizar a la gente para que deje de asistir a las clases y así poder captar más adeptos. Tú eres uno de sus principales objetivos, por ser amiga de Harry.

-          Entiendo…

-          Sirius se ha propuesto a sí mismo para averiguar lo que va a intentar antes de que ataque y así poder salvar vidas. Una de ellas, la tuya. Al parecer tiene bajo su poder unos seres extraños que os atacaron el otro día… ¿me equivoco?

-          No, señor.

-          Bien, Sirius va a intentar averiguar qué tipo de seres son y qué quieren hacer. Puede que… no regrese si le descubren, pero aún así él quiere ir. Yo no puedo negarle que lo haga.

-          ¿No puede ir otro?- consiguió preguntar Hermione. Tenía un nudo en la garganta. Sus ojos estaban brillantes, no quería llorar, no podía llorar.

-          Necesito que alguien de confianza haga esto. – echó una ligera mirada a Sirius y continuó- Además, es el único que con forma de perro estará seguro. Es quien tiene más probabilidades de no ser descubierto.

-          Hermione, yo debo ir. – dijo Sirius, mirándola también con los ojos brillantes -”No me separaría de ti por nada del mundo”- pensó -”Pero si voy te puedo proteger, de alguna manera”-.

-          Si lo entiendo… pero… ¿y yo no puedo hacer nada?

-          Lo mejor es que procures no salir del castillo, ni siquiera a los terrenos, y sería bueno que no anduvieses sola por ahí. Por eso no te hemos hecho prefecta, por que tus obligaciones podrían ponerte en peligro.

-          Bien. Cumpliré.

-          Sirius me ha dicho que cuando los seres aparecieron en tu casa te hirieron. ¿Ya te has curado? ¿Necesitarás algún cuidado?

-          No, gracias, ya me curaron en el hospital muggle.

-          Bien, puedes ir a tu casa, aún nos quedan hablar unas cosas a nosotros.

-          Buenas noches.

Hermione se levantó y fue hacia la puerta. -”No puedo despedirme así de él… tengo que hacer algo…”-. Cogió con su mano el picaporte de la puerta y lo giró. -”Por lo menos un beso…”-. Se giró y corrió el estrecho espacio que le separaba de Sirius. Le abrazó. Las lágrimas corrían ya libres por sus mejillas.

Después de la sorpresa inicial Sirius respondió al abrazo.

-          No me pasará nada. Lo prometo.

-          Adios Sirius.

Y entonces si se marchó. Bajó las escaleras lentamente, cada escalón que bajaba era estar más separada de él. Caminó lentamente hasta su habitación. Ni siquiera se desvistió, solamente se tiró en la cama y corriendo las cortinas se echó a llorar como nunca había hecho en su vida. Mientras lloraba pensaba -”Sirius se marcha a un sitio en el que corre peligro de muerte. Por mi culpa. Y se iré hoy y no volveré a verle…”-.

Dumbledore había visto el abrazo. Los había visto. Sirius algo sonrojado cuando Hermione cerró la puerta tras de sí no pudo mirarlo a los ojos.

-          A mí no tienes por qué ocultarme nada. Lo que sientas es asunto tuyo… o mejor… vuestro. Creo que eso te ayudará a completar la “misión”. Tienes que regresar por ella.- dijo Dumbledore.

-          Si.- fue la única respuesta que salió de los labios de Sirius.

-          De momento, hasta que sepamos que puedes comenzar serás un animal más de la escuela, podrás pasear por ahí con tu forma de perro. Las comidas podrás hacerlas en unas habitaciones que he habilitado, junto con el señor Remus Lupin.

-          Muchas gracias Dumbledore.

-          De nada. ¿Te enseño donde están?- dijo levantándose.

-          Sí, gracias.- contestó.

Y los dos juntos se perdieron por los pasillos del colegio.

Mientras caminaba al lado de Dumbledore Sirius pensaba: -”Por lo menos podré estar cerca de ella unos días más… ¿Cómo habrá sabido Dumbledore…? Bueno, quizás pueda leer la mente. Entonces no pensar nada mientras esté cerca de él… no vaya a ser que…”-.

Y mientras estos pensamientos surgían en la cabeza de Sirius lo único que surgía en Dumbledore era una enigmática sonrisa.


 


Fanfic: ¿Qué le pasa a Hermione? (VIII)

Published by PiRRa on August 5th, 2002

CAPÍTULO 8:

VIAJE EN EL EXPRESO.

Hermione se despidió de sus padres dándoles dos besos y se adentró en el andén. A ellos no les gustaba nada eso de atravesar paredes. Miró alrededor, no vio a Ron ni a Harry. Subió como pudo el baúl al tren (sirius-hocicos ayudaba empujando con la cabeza). Se metió en un compartimento y se sentó a esperar. Sirius en su forma de perro se sentó en el asiento de enfrente, la miraba con sus ojos tristes. Había terminado ya aquél tiempo que pasaron juntos, y no creían que pudieran volverlo a vivir nunca.

Una cabeza se asomó por la puerta. Era Ron, al ver a Hermione sonrió y dijo:

-          Te hemos estado buscando todo el rato.- se dirigió hacia alguien de fuera del compartimento- Harry, está aquí, la encontré.

-          Por fin.- dijo Harry, que llevaba a cuestas su baúl.- La próxima vez que no nos vayas a esperar fuera avisas.

-          Hola chicos.- Hermione se levantó, y les dio un beso en la mejilla a cada uno. Luego se sentó de nuevo.

Harry devolvió el beso a Hermione, cogió el baúl, lo metió dentro y se sentó a su lado, mirando curioso al perro. Ron se quedó atontado, parado de pies mientras se sonrojaba. Cuando salió de su tontería se sentó al lado del perro. Harry miraba extrañado al perro, le sonaba de algo, al final cayó en la cuenta…

-          ¡Ey!…- exclamó Harry- ¿Hocicos?

El perro de un salto se subió encima de él y le chupó la cara. Si era Hocicos. Le acarició la cabeza, hasta que su mano tocó algo. Era la cadena. La miró y la leyó en voz alta.

-          ¿Así que ahora es tu perro?- preguntó Harry a Hermione.

Ella simplemente asintió con la cabeza. No le apetecía hablar. Estaba pensando en lo que haría sin Sirius. Se había acostumbrado a tenerle cerca y ahora iba a tener que separarse de él por mucho tiempo. Bueno, en realidad sólo Dumbledore sabía cuánto tiempo. Hubiera querido despedirse de él con un beso, con una noche romántica. No pudo ser. -” ¿Por qué todo es tan difícil?”- se preguntaba a sí misma mirando por la ventana del tren. -”Es que no puedo querer a un chico cualquiera de mi edad, no, tengo que tirar demasiado alto. ¿Cuántos años tendrá?… Supongo que alrededor de los 37, más o menos. ¿Qué pinta un hombre cómo él con una niña como yo? Nada. No quiero llegar a Hogwarts, quiero quedarme aquí para siempre y no tener que separarme de él.”-. La voz de Ron la sacó de sus pensamientos.

-          ¿Hermione? Tierra llamando a Hermione ¿Está disponible?.

-          Sí, estoy disponible.- contestó- ¿Qué?

-          Decía que quien crees que será este año el nuevo profesor de defensa contra las artes oscuras.

-          Me da igual quien sea Ron.- dijo fastidiada.

Ron y Harry se miraron y luego miraron a Sirius. Hermione estaba un tanto extraña. Ella que no paraba de hablar o leer y ahora estaba haciendo una de las cosas por las que siempre regañaba a Ron… estaba pensando en a saber qué.

-          Es una tontería hacer investigaciones ahora, cuando lleguemos al castillo Dumbledore nos lo dirá.

-          Eso es cierto.- corroboró Harry.

-          Sólo era una pregunta para entablar conversación. Hermione estás muy rara. ¿Acaso piensas en algo importante? O bueno, quizás tengas tu mente en Bulgaria…

-          ¡Oh, cállate Ron!. Para tu información en todo el verano no he salido de este país y tampoco ningún extranjero ha venido a mi casa. Y no, no he tenido noticias de Viktor ¿vale?

-          ¿Aún no lo llamas Viky?- dijo Ron intentando picarla.

-          Uffffff. Ron eres un crío.- Se volvió a girar mirando a la ventana.

-          Mmmmm Sirius podías convertirte en persona, nadie va a entrar en el compartimento.

-          ¡Guau!- ladró.

-          Y si alguien lo intenta no podrá.- dijo Hermione, señalando el picaporte de la puerta con la varita y diciendo un hechizo cerradura.- Ya está. Todo seguro.

-          Bien.- dijo Sirius que se había transformado ya en persona.- ¡Hola chicos!.- pasó una mano por el pelo rebelde de su ahijado, en plan paternal.

Hermione le miraba a los ojos. Probablemente sería la última vez que pudiera verlo como persona en mucho tiempo. No podía quitarse esa idea de la cabeza.

Charlaron de muchas cosas durante el trayecto. De Voldemort, de los mortífagos, de las clases, de quidditch, de los profesores, de los T.I.M.O.S… en fin, de todo un poco. La que menos hablaba era Hermione ella sólo prestaba atención al oír la voz de Sirius. A la tarde llegó el carrito de la merienda. Entonces Sirius se convirtió en perro y Harry compró algunas golosinas. Luego volvieron a encerrarse. Cuando comenzaron a hablar de los prefectos Hermione se puso seria. No había pensado en ello en el verano, y después de la llegada de Sirius menos aún. -”¿Por qué no la habían hecho prefecta? ¿Acaso pensaron que no servía para ello? ¿Quizás sus calificaciones eran bajas? No… eso no podía ser… A lo mejor era porque al ser amiga de Ron y Harry pensaron que ella sería blanda con ellos…”-.

-          Hermione ¿No te hicieron prefecta?- preguntó Harry.

-          No… – respondió.

-          Ha debido ser un error.- dijo Ron.

-          Quizás Dumbledore tenga unos planes diferentes para Hermione.- dijo Sirius.

Todos le miraron. Si alguien podía tener alguna idea de lo que podía hacer Dumbledore seguramente era él. Después de todo se suponía que había estado todo el verano viajando por ahí haciendo recados a Dumbledore.

-          ¿Qué has estado haciendo el verano Sirius?- preguntó Ron.

Sirius empezó a contarles todo. Como a Hermione no le interesaba esa conversación (ya había hablado con Sirius de esos viajes mil y una veces en el verano) apoyó su cabeza contra el cristal de la ventana, pensando. Al rato se durmió, había pasado la anterior noche en vela observando a Sirius dormir así que tenía algo de sueño.

Iba caminando por una calle extraña. De repente se paraba y miraba las tiendas. A su izquierda había una tienda de antigüedades tenía espadas y armas de ese tipo en el escaparate. A su derecha había una tienda de joyas. Se acercó al escaparate para ver de cerca lo que había. Pulseras, pendientes, colgantes, relojes… multitud de cosas brillantes. Un anillo llamó poderosamente la atención de Hermione. Era un anillo de oro con una piedra roja en medio… ¿Tal vez un zafiro? Entró en la tienda (curiosamente vacía). Era muy espaciosa, las paredes estaban cubiertas por vitrinas y dentro de ellas había muchas joyas. El precio de ellas estaba marcado en galeones, por lo que podría ser una tienda mágica. Un dependiente le dio a probarse el anillo. No mediaron palabras, sólo gestos. Se puso el anillo. De repente algo comenzó a brillar y todo comenzó a dar vueltas. De un instante a otro las sombras habían vuelto a aparecer y querían quitarle el anillo, ella se revolvió intentando esquivarlas.

De repente se despertó sobresaltada. Se pasó la mano por la frente… estaba caliente. Sirius la miraba extrañado. Se levantó y puso su mano sobre la frente de ella. Harry y Ron les miraban extrañados. No tenían ni idea de qué estaba ocurriendo.

-          Estoy bien Sirius. – dijo Hermione apartando la mano de su frente.- ha sido una… pesadilla.

-          ¿Qué pesadilla?- preguntó Ron, preocupado.

-          Una pesadilla muy real.- fue la única contestación que recibió.

Sirius echó una mirada a Ron como diciendo que él tampoco sabía nada. No era cierto. La verdad es que se había imaginado que Hermione había tenido una pesadilla con las sombras. Era lógico, cualquiera estaría asustado por algo así. Le tendió una rana de chocolate y dijo:

-          Tómala, te irá bien.

-          Gracias.- la verdad es que no había tomado casi nada en todo el día.

El resto del viaje se les hizo muy corto, después de una hora el tren comenzó a aminorar la marcha hasta pararse.

-          Hermione, cuando llegues al castillo acompáñame a hablar con Dumbledore.

Todos bajaron del tren. Sirius en su forma de perro. Al llegar al castillo la profesora McGonagall le indicó a Hermione que debía ir al despacho de Dumbledore después del banquete porque tenía que hablar algo muy importante con ella. Además se llevó a Sirius con ella.

Hermione fue a su mesa. Se sentó al lado de Ron, había llegado justo al final de la ceremonia del sombrero seleccionador. Ron y Harry la miraron, esperando a que ella les dijera algo, pero ella permaneció callada.

Dumbledore se levantó y dirigiéndose a los alumnos dijo:

-          Bienvenidos a todos a un nuevo curso escolar. Os informo a todos que está terminantemente prohibido ir al bosque prohibido. A todos los alumnos desde tercer curso será obligada la materia de estudios muggles, menos para aquellos que vengan de familia muggle. Ahora, cenemos.


 


Fanfic: ¿Qué le pasa a Hermione? (VII)

Published by PiRRa on August 4th, 2002

CAPÍTULO 7:

AMARGA DESPEDIDA.

Fue la noche más larga de la vida de Sirius, esperando. A las 3:00 de la mañana se la habían llevado al hospital, ahora eran las 9:00 y no habían vuelto. Tuvo que esperar una hora más dando vueltas en el salón hasta que oyó el ruido de las llaves en la puerta de la casa. Se convirtió en perro. El señor Granger llevaba a Hermione en brazos. Eso no era bueno. La tumbaron en la cama de su habitación. Sirius entró, no se dieron cuenta de ello. Hermione quedó tendida en la cama y dijo:

-          Mamá ¿puede quedarse Hocicos conmigo?

La madre de Hermione miró al perro, si no hubiera sido por él jamás habrían encontrado a Hermione, asintió con la cabeza, pasó una mano por la cabeza del perro, como dándole las gracias. Se marcharon de la habitación. Antes de cerrar la puerta su padre dijo:

-          Hermione, duerme un rato, te vendrá bien.

-          Sí.- respondió Hermione.

Una vez sus padres cerraron la puerta y Sirius oyó como los pasos se alejaban hasta el piso de abajo se transformó de nuevo en persona. Se sentó al lado de Hermione. -”Fue todo culpa mía”- pensaba -”Tenía que protegerla y me dejé vencer a la primera de cambio, no sirvo para esto, si la hubiera pasado algo habría sido culpa mía…”- algo interrumpió los negativos pensamientos de Sirius. Hermione había alargado su mano y había agarrado la suya.

-          ¿Qué te hicieron en el hospital?- preguntó.

-          Con medicinas me bajaron la fiebre- hizo una pausa – la mano la curaron y dejó de sangrar rápidamente. Dicen que fue una…- miró a Sirius a los ojos- una gripe extraña. Que guarde cama unos días y ya. La herida ya la curaron, no volverá a abrirse.

-          Me alegro de que sólo fuera eso.- Contestó Sirius.- Pero yo no creo que fuera eso que dicen… yo no te vi la herida cuando me despertaste. ¿Te hirieron “ellos”?

-          Sí, pero no pasó nada más. No fue nada, en serio. ¿Tú estás bien?

-          Ahora que sé que no te pasó nada, sí.

Acarició el pelo de Hermione, verla en la cama por su culpa le hacía sentirse angustiado.

-          Deberías dormir. No has pegado ojo en toda la noche.

-          Sí, pero no te vayas- dijo mirándole a los ojos- quédate a mi lado, por favor, no me dejes sola.

-          No me moveré de aquí.- respondió con voz dulce.

Hermione cerró los ojos y se tumbó de lado, Sirius se tumbó al lado de ella, acariciándola el pelo, para ayudarla a dormir. Hermione se hacía la dormida, pero estaba bien despierta, pensaba. Los médicos no habían dicho nada de gripe, claro que no, habían dicho que lo que le había ocurrido era una reacción alérgica, y la herida era otra cosa aparte, una simple herida. Sus padres le habían echado la culpa al perro, pero ella les había disuadido, el perro llevaba mucho tiempo en casa como para que hubiera ocurrido justo ese día. Hermione no permitiría que apartaran a Sirius de su lado, -”¿Y si volvían?”-. Acabaron echando la culpa a la cena, a su madre le encantaba hacer cosas exóticas y habían cenado una de sus famosas nuevas recetas. Su madre se sentía culpable de lo que había pasado. Hermione la había tranquilizado, además ya se encontraba mucho mejor, cuando las fiebres terminaron ella se encontró estupendamente. Tan sólo un poco cansada, pero eso era normal, después de todo había vivido demasiadas emociones en una noche y no había descansado ni siquiera un rato. El hospital no era su lugar preferido para dormirse así que se había mantenido despierta todo el rato. Además las sombras de las esquinas del hospital no la dejaban de mirar, o por lo menos eso creía.

Hermione se despertó, al final aunque solo la apetecía pensar se había dormido. Abrió los ojos. Se llevó una gran sorpresa al ver a Sirius sentado a su lado mirándola. Miró el reloj, habían pasado tres horas. Miró a Sirius, seguía en la misma postura que cuando ella se había dormido.

-          ¿Has estado aquí todo el rato?- preguntó.

-          Te dije que no me movería.- acercó sus labios a su frente y la dio un beso.

Hermione sintió un escalofrío. No sabía si por que aún continuaban los efectos de la fiebre o si era por sentirle tan cerca.

-          Sirius, ¿puedes hacerme un favor?

-          Sí, dime.

-          Mmmm hay un CD en esa estantería, pone Tess en la carátula. Cógelo.

Sirius se levantó de la cama y se dirigió a la estantería, buscando el CD. Hermione le miró. Era tan alto, tan guapo, tan sexy… tenía que decirle algo, tenía que darle a entender que ella sentía algo especial por él. Finalmente Sirius encontró el CD.

-          ¿Este?- preguntó ensañándoselo a Hermione.

-          Sí, ponlo.- le pidió Hermione.

En el tiempo que Sirius había estado en su casa había aprendido a utilizar el aparato de música y algunas cosas más (como la máquina de afeitar…).

Lo puso y empezó a sonar la música. Se iba a sentar de nuevo al lado de Hermione cuando ella dijo:

-          No, no. Pon la canción número 6.

Se mostró un tanto indeciso con respecto a qué botón tenía que tocar, pero acertó y puso la canción. Se sentó al lado de Hermione.

-          ¿Por qué la canción número 6?- preguntó.

-          Es que… es mi favorita.- dijo ella.

Cuando comenzó a sonar esta parte:

No me dejes sola…quiero aferrarme a tu piel…

Cogió la mano de Sirius. Él la apretó.

-          No te dejaré sola Hermione. Nunca.

Ella se incorporó en la cama y le abrazó. Él, devolvió el abrazo, cada vez se sentía más atraído por Hermione. La canción seguía y la escucharon abrazados.

Darte cada gota de un corazón de mujer…

no me dejes sola quiero sentir, quiero ser…

la luz de tu sombra aunque te pierda después…

Acabó la canción, los dos se separaron y cuando algo iba a suceder sonó la voz de la madre de Hermione:

-          Hermione, ¿quieres que te suba algo de merienda?

Fue como si un hechizo se rompiera, sonaron los pasos de su madre subiendo y Sirius con una mirada de: “lo siento” se convirtió en perro.

Cuando llegó la tarde Hermione se encontraba perfectamente, el cansancio se había marchado podía andar, correr… en fin, hacer vida normal.

Sus padres se alegraron mucho de la rápida recuperación de Hermione. No se lo dijeron, pero había llegado a los 42º de fiebre, y había dicho muchas incoherencias, había estado llamando a un tal Sirius para que la ayudara.

Cayó la noche y Hermione y Sirius estaban en la cama. Habían cerrado la ventana aunque hiciera muchísimo calor.

Dormían abrazados, como siempre. Sirius preguntó a Hermione una duda que había tenido en la mente todo el día… el beso.

-          ¿Hermione?.

-          ¿Sí?

-          ¿Por qué… cuando estábamos los dos abrazados, y te cogí la cara tú… es decir…?- quería terminar la frase pero no sabía cómo. Hermione le cortó.

-          ¿Por qué te besé?

-          Sí.- La verdad es que aquél beso había significado mucho para él.

Él sentía algo por ella pero no sabía el qué, y el beso le había confundido más si eso era posible. A lo mejor se había enamorado de ella, a lo mejor había aprendido a amar de nuevo. Quizás ella le amara. Quizás podrían tener algo los dos, aunque sólo fuera un corto romance, quizás ella era la persona que él buscaba.

-          Te besé porque tenía miedo de perderte. Fue inconscientemente. Tenía fiebre. – dijo Hermione tratando de disimular que lo había hecho por que le amaba. -”Él nunca lo entendería. Él nunca sería capaz de querer a una niña empollona como yo.”

Parecía que una piedra había caído sobre el estómago de Sirius, se había quedado mudo. -”¿Cómo había podido ser tan imbécil? Ella nunca podría amarle, nunca sentiría nada por un viejo cuarentón que había salido de la cárcel. Aunque… fue después del beso cuando le dio la fiebre… quizás…”-

Hermione se giró, dando por terminada la conversación y se durmieron. Si hubieran podido leer los pensamientos del otro seguramente la noche no hubiera transcurrido de igual manera.

Tan sólo quedaban dos días para que Hermione se fuera al colegio. Pasaron los últimos días juntos, hablando. Y aún así por más que hablaban no conseguían decirse lo que sentían.

Él la acompañó al andén junto a sus padres, iría a Hogwarts como perro mascota. Luego se marcharía, así que la última noche la tomaron como despedida. Se hicieron mimos, caricias. Nada más allá de los que se podría confundir con cosas de amigos. Los dos querían una noche inolvidable, pero no la tuvieron porque sus bocas no querían decir lo que sentían sus corazones.

Luego en el tren sería demasiado tarde, con Harry y Ron delante no podrían decir nada.


 


Fanfic: ¿Qué le pasa a Hermione? (VI)

Published by PiRRa on August 1st, 2002

CAPÍTULO 6:

¿QUIÉN VA TRAS HERMIONE?.

Habían pasado ya tres días desde el ataque del perro asesino y no había ocurrido nada extraño. Sirius y Hermione dormían todas las noches juntos y abrazados, pero no revueltos. Hermione por primera vez en su vida no quería que llegara el 1 de septiembre para ir al colegio. Le encantaba levantarse por las mañanas aspirando el olor de Sirius, y también dormirse sintiendo sus…”paternales” caricias. Hermione se había acostumbrado a sentir la voz de Sirius hablándola mientras ella se acurrucaba en su pecho. Sirius se había acostumbrado a dejar la comida de perro y esperar a que Hermione se la cambiara por comida de personas, a veces le daba un poco a Crookshanks, le estaba ayudando a vigilar la casa y además se lo merecía por no darle problemas con los padres de Hermione. Hubo algún que otro malentendido para “lavar al perro” y al final Sirius se duchaba mientras Hermione leía un libro, siempre de espaldas a donde él estaba. Bueno, la verdad es que Hermione no leía libros desde que Sirius había entrado por la puerta de su casa, parecía una mala influencia. Quizás no hubiera adelantado sus estudios con respecto a los TIMOS pero había aprendido a reír con Sirius y lo más importante, le había enseñado a Sirius a reír de nuevo.

Como medida de seguridad habían subido la varita de Hermione a la habitación, que era donde se pasaban el día, encerrados, a salvo de cualquier peligro. Aquella noche era extrañamente calurosa así que dejaron la ventana abierta de par en par. Se tumbaron los dos dispuestos a iniciar otra de sus ya habituales charlas nocturnas. Cuando una vez más Hermione ya estaba dormida Sirius la comenzó a acariciar el pelo. De repente le pareció escuchar un extraño sonido. Debido a su condición de animago algunas características perrunas quedaban en él cuando se convertía en humano, y viceversa. Se levantó de la cama y se convirtió en perro. Sí, realmente había oído algo. Eran silbidos. Alguien daba silbidos cortos y largos, parecía un mensaje, quizás estaban usando el código Morse muggle. Sirius lo había aprendido cuando en Hogwarts dio clase de estudios muggles así que pudo descifrarlo sin dificultad.

Es-tá dor-mi-da a-ho-ra a-ta-ca-mos

Se convirtió de nuevo en persona, cogió la varita de Hermione y se puso entre ella y la ventana.

De repente unas sombras aparecieron en la ventana, se confundían con las sombras de la noche y Sirius no las podía apreciar bien… -”¿Qué seres son estos?”-. Entornó los ojos e intentó observar aquellas sombras. Parecían una extraña nube de algo, pero tenían forma alargada… como de persona. -”¿Quizás son mortífagos transformados?”- se preguntó a sí mismo Sirius.

Las sombras emitieron de nuevo sonidos.

Hay un hom-bre

Sirius intentó hablar con ellos. Silbó. Silbidos cortos y largos entrelazados, quizás así se podría comunicar con ellos. Les había dicho:

-          ¿Quiénes sois y qué queréis?

Al principio las sombras sólo se quedaron inmóviles, cada una en su sitio intentando confundirse con el ambiente, pero Sirius sabía muy bien donde estaba cada una de ellas, podía sentirlas. Pasados unos segundos que parecían eternos las sombras se juntaron todas en el quicio de la ventana. Parecía que “hablaban” entre ellas. Los silbidos eran muy rápidos y demasiado bajitos como para que Sirius pudiera saber lo que decían. Al final una de las sombras se adentró en la habitación y se colocó delante de Sirius, era tal alta como él, quizá un poco menos. Respondió:

-          No te importa quienes somos.- se calló y después de unos instantes volvió a “hablar”- Queremos a la chica, márchate y no te haremos daño.

Sirius alzó la varita, estaba en posición de ataque.

-          No os la llevaréis.- respondió entre silbidos a la sombra.

La sombra se encogió. Las demás sombras se pusieron a su alrededor y también se encogieron, parecía que un manto de oscuridad cubría la habitación. Sirius dio un paso hacia atrás. No porque tuviera miedo de aquellas sombras, sino para estar más cerca de Hermione. Las sombras se acercaban cada vez más, parecía que se estaban preparando para algún extraño ataque. De repente Sirius comprendió, se tiró de un salto hacia la cama cayendo sobre Hermione y girando la hizo caer al suelo, cayendo él encima de ella. Hermione se despertó bruscamente.

-          ¿Qué pasa? ¿Qué..?- pero no pudo decir nada más porque Sirius le tapó la boca con una mano mientras que la otra se la llevaba a los labios en un ademán que indicaba silencio.

De repente algo estalló en la habitación, no produjo ningún sonido pero Se notó como una especie de onda que evitaron porque Sirius había hecho que cayeran al otro lado de la cama, que actuó como escudo. Hermione se estremeció violentamente y se agarró con fuerza al cuerpo de Sirius, estaba aterrorizada.

-          Danos a la chica. No te haremos daño. No seas tonto.

Sirius respondió silbando:

-          No os la daré. Iros de aquí. Si no os mataré.

Las sombras no se inmutaron por la amenaza de Sirius. Más bien parecieron reírse. Hermione, aunque seguía temblando, se soltó de Sirius dejándole libre para moverse. Él tenía la varita, era quien podía hacer magia. Sirius lanzó unos cuantos hechizos hacia las sombras pero no les afectaban. Era como si las traspasaran.

Fue sólo un segundo, un solo instante el que Sirius dudó que hacer a continuación. Pero ese único segundo lo pagaría caro. Una de las sombras murmuró algo y un rayo pegó contra el pecho de Sirius. De repente su cuerpo cayó inerte al suelo. Hermione gritó. ¡Lo habían matado!. Con toda la rabia que inundó su cuerpo en ese momento el miedo desapareció de repente. Se levantó y se enfrentó a las sombras.

-          Aquí estoy. ¿No me queríais? Pues aquí me tenéis.

Extrañamente las sombras se quedaron quietas. Se estiraron y quedaron de nuevo en su tamaño real. Hermione sintió un escalofrío. Las sombras se acercaron a ella y la acorralaron. Hicieron un círculo alrededor de ella. Se fueron apretando y haciendo el círculo más estrecho. De repente un silbido hizo que todas se dispersaran y se fueran a las esquinas. Hermione buscó con la miraba quién había emitido aquél silbido. Primero pensó en Sirius, pero él seguía inconsciente… o muerto tirado en el suelo de mala manera. Entonces… -”¿Quién había silbado?”-. Una sombra más grande que cualquiera de las anteriores entró por la ventana.

Oyó silbidos. Las sombras hablaban, si ella supiera su idioma habría entendido que aquella sombra era el jefe. La sombra hizo un gesto, o un movimiento mediante el que indicó a las demás sombras que salieran de la habitación. Murmuró algo y un rayo salió de ella. Se dirigía a Hermione. Hermione levantó su mano para cubrirse y el rayo impactó contra su mano. No la había ocurrido nada, el rayo había rebotado o algo así, no la había dañado. Levantó la vista. No había ni rastro de las sombras, parecía que nada hubiera ocurrido, todo en la habitación estaba como antes de su llegada. Todo menos… ¡Sirius!. Corrió hacia él. Se sentó en el suelo y puso su oído sobre el pecho de él. El corazón latía. No estaba muerto. Solamente estaba inconsciente. Aún tenía su varita en la mano. Hermione cogió la mano de Sirius y le apuntó con la varita.

-          Enervate.

Sirius abrió los ojos. Hermione le abrazó no podía dejar de pensar -”Está vivo, está vivo, está vivo.”-. Lloró. Había pasado mucho miedo. Miedo por él, miedo por que estuviera muerto y no pudiera volver a oír nunca más su risa, su voz. Miedo por perderle.

Sirius le devolvió el abrazo. Él también había sentido miedo. Miedo por ella, por perderla, por no volver a verla nunca más.

Las lágrimas de Hermione rodaban por sus mejillas dejando un surco salado hasta su barbilla desde ahí caían a la espalda de Sirius. Éste las notó. Separó a Hermione de él y cogió la cara de ella entre sus manos.

-          Nunca habría dejado que te cogieran. Nunca.

Hermione no pudo resistirlo sus caras estaban tan cerca. Acercó lentamente la cara a la de él y unió sus labios.

Su primer beso. No sabía lo que estaba pasando. Sólo rozaron sus labios un momento, pero en ese instante Hermione se puso lívida y la mano con la que había parado el rayo comenzó a sangrar. Empezó a sudar.

-          Sirius, tengo frío, llévame a la cama, tengo mucho frío.- dijo Hermione entre sus dientes ya que tiritaba sin poder evitarlo.

Sirius se asustó mucho, y con razón. La llevó a la cama y la arropó con la sábana sólo. No era conveniente que estuviera muy arropada por la fiebre. Se convirtió en perro saliendo de la habitación y empezó a ladrar sonoramente despertando a los padres de Hermione. El padre de Hermione se levantó para regañar al perro, pero éste le cogió la bata con los dientes y le llevó hasta la habitación de Hermione. En sólo unos minutos llevaban a Hermione al hospital.