Tierno pero salvaje

Published on 27/09/2002, by in Ocio.

TIERNO PERO SALVAJE.

Levanté la vista y mis ojos se toparon con los de un perro negro que me miraba dulcemente. Me quedé quieta unos segundos y agachándome le acaricié. Pasó su lengua por mi cara. Tratándose de otro perro le hubiera pegado una patada, pero a él no, él no era un perro corriente. Cogió mi túnica entre sus dientes y tiró de mí para que le siguiera. Me llevó caminando hasta una cueva escondida en lo alto de la montaña de Hogsmeade. Una vez dentro se convirtió en persona. Sirius. Cuanto tiempo separados, quizás demasiado. Mi amor hacia ti no ha parado de crecer desde entonces, nuestro último encuentro. Aquella noche fue la mejor que pasé a tu lado. Salí bruscamente de mis pensamientos al notar tus brazos en mi cintura. Un abrazo. Apoyé mi cabeza en tu pecho, tu respiración acompasada me hacía sentirme segura. Segura. ¡Ja! Segura era algo que jamás podría estar a tu lado mientras Peter siguiera libre. No mientras todos te tomaran por un asesino. No mientras supiera que el estúpido de Fudge tuviera a gente buscándote con orden de matarte, sin preguntar antes, sin averiguar la verdad. Cerré mis ojos y me concentré en el latido de tu corazón. Al principio lento y pausado y poco a poco aceleraba. Alcé la vista y nuestros ojos se encontraron. Tu mirada, siempre triste, llena de angustia y dolor por culpa del pasado ahora brillaba. Tu miraba cambia al mirarme a mí. Haces que me sienta alguien especial. Cuando te tengo cerca la soledad que inunda mi corazón se desvanece por arte de magia. Sonreí. También tú me sonreíste. Tu boca enmarcada en la barba de varios días se me antoja dulce. Me alcé poniéndome de puntillas y te besé. Nuestros labios se unieron por unos segundos. Luego me puse de nuevo de pies, a la altura de tu cuello y volví a mirarte. Tu sonrisa se había acentuado.

- Te eché mucho de menos.- dije abrazándolo.

Él pasó su mano por mi pelo. Me besó la frente y abrazándome más fuerte dijo:
- Yo también.- de nuevo me besó la frente y continuó diciendo.- He soñado contigo todas estas noches, te recordaba al mirar las estrellas y el olor de las flores me hacía sentirte en todas partes.

No pude más que sonreír. Bajó un poco su cabeza y me besó. Sólo juntó sus labios con los míos, no buscó nada más. Siempre era muy tierno conmigo. Cuando no estabamos juntos me imaginaba que él con las chicas sería muy directo, un tanto salvaje. Pensé que sería hasta un poco agresivo. Pero me equivoqué. Eso demuestra que la gente no es lo que parece a simple vista. Quizás era por que él lo había pasado mal en Azkaban y por eso era tierno.
Sus manos pasaron de mi cintura a mi espalda, acariciándome.
- ¿Dónde estuviste tanto tiempo?- pregunté separándome de él.
Di un paso hacia atrás y le miré. Parecía un niño… un niño que necesitaba cariño… amor.
- Yo… tuve algunos problemas…
- Dijiste un mes… – un nudo empezó a formarse en mi garganta.- y hace ya cuatro que no nos vemos.
Me giré y le di la espalda. Hacía mucho tiempo que deseaba verle… pero me había tenido tan preocupada. Sentí sus manos en mis hombros. Me giró y me dio un fuerte abrazo del que no me pude (ni quise) zafarme.
- Tuve problemas para regresar… entiéndeme.
Las lágrimas empezaron a brotar de mis ojos.
- Y yo estaba preocupada, no sabía que te había pasado… ni dónde estabas… ni… ni si no querías volver a verme…
Él me apartó de sí unos segundos y mirándome a los ojos dijo:
- ¿De verdad crees que yo te haría eso? Yo… yo te amo.
Y entonces me besó. Pero no un beso como los anteriores. Esta vez sentí sus labios abrirse y su lengua acariciar mis labios poco a poco, intentando abrirse un hueco para llegar a la mía. Le dejé hacer. Separé mis labios y nuestras leguas se unieron en un abrazo. Mi respiración se comenzó a agitar. Poco a poco Sirius me fue echando hacia atrás hasta que mi espalda dio contra la pared de la cueva. Bajó sus manos hasta mis caderas y con un pequeño impulso me cogió en brazos y me puso a su altura. Los besos se tornaron cada vez más pasionales. Mis manos recorrían su pelo… olía tan bien… acaricié su espalda, tan ancha… tan fuerte. Sus brazos me sostenían en vilo y aún así con una mano me estaba acariciando la espalda. Enganché mis piernas alrededor de su cintura. Se movió y me llevó a otra parte de la cueva… separé mis labios de los suyos y sonreí.
- ¿Dónde me llevas?
Él me sonrió y besándome de nuevo contestó.
- Es una sorpresa.
Me volvió a besar. Sentir sus labios en los míos era como subir al cielo, estar rodeada de felicidad. Saber que él era feliz por tenerme a su lado, saber que yo era alguien especial para él y saber que él siempre volvería a mi lado… por que me amaba. Metió su mano en mi túnica y cogió mi varita.
- ¿Confías en mí?- preguntó misteriosamente.
Le miré a los ojos…
- Sí.
Me dejó de nuevo en el suelo y dijo:
- Entonces… cierra los ojos.
Dudé unos segundos… él con mi varita… en una cueva que seguro conocía a la perfección, yo con los ojos cerrados en un sitio extraño y sin varita… totalmente indefensa. Suspiré y cerré los ojos. Confiaba en él tanto que dejaría mi vida en sus manos. Oí un par de susurros. No pude entender lo que decía. Mi curiosidad era tal que quise abrir un ojo para ver la “sorpresa”, pero Sirius debió adivinar mis pensamientos y puso una mano tapándomelos.
- Tramposilla.- susurró a mi oído.
Entonces susurró un par de cosas más y se puso detrás de mí. Apartó la mano de mis ojos y dijo:
- Ya puedes abrirlos.
Abrí los ojos y vi una habitación. ¿Eso era la sorpresa? Me quedé un poco atontada.
- Ahí, encima de la cama.- dijo él.
Confusa me acerqué a la cama. Había una rosa blanca (¡Mis favoritas!) sobre ella, con un lazo rojo atado alrededor. La cogí y miré intrigada a Sirius. Él se acercó hasta mí tomó mi mano entre las suyas, hincó una rodilla en el suelo y dijo:
- Yo… te amo… no quiero perderte… significas mucho para mí… y… – pasó una mano por encima de la rosa que se convirtió en un anillo de plata, con una pierdrecita blanca.- quisieras que… lo nuestro… bueno… ¿casarte conmigo?
Abrí la boca para contestar, pero los sonidos se negaban a salir de ella. Miré el anillo… era precioso. Le miré a los ojos, brillaban tanto… nunca le había visto así. Fue un estúpido impulso pero me abalancé sobre él y le besé. Entre la posición en que estaba y la sorpresa que se llevó por mi reacción se echó para atrás y caí encima de él, cuerpo contra cuerpo. Nuestras bocas se juntaron, nuestros labios se buscaron y nuestras lenguas empezaron a jugar a las caricias. Sus manos corrieron velozmente desde mis piernas hasta mí espaldas acariciando cada centímetro de mi cuerpo. Con un impulso se giró haciendo que yo quedara debajo y él encima. El beso continúo pese a eso, tan sólo habíamos cambiado posiciones. Entonces él se separó de mí y de rodillas en el suelo, una pierna a cada lado de mi cuerpo, dijo:
- ¿Entonces?- cogió el anillo que aún tenía agarrado, y poniéndomelo continuó diciendo: ¿Qué decides?
¡Ahhh! Todo era demasiado perfecto… él demasiado tierno, demasiado guapo… el anillo demasiado bonito, la situación, también perfecta…
- Sirius.- sonreí – No.
La sonrisa que había en su rostro se congeló y desapareció repentinamente. Me apoyé en mis codos y empecé a explicarle:
- Escucha… tú… tienes que huir cada dos por tres… yo no podría vivir casada contigo y que estés desaparecido cuatro meses… y ¿Quien nos casaría? Además que tendríamos que ocultarlo… ya me es difícil ocultar lo nuestro como para ocultar más cosas… Y… Qué tipo de matrimonio es ése en el que no me puedes decir nada, siempre me ocultas dónde vas… con quien… por qué… Soy… aún soy muy joven para casarme Sirius. Yo te amo… te amo con todo mi corazón… daría mi vida por ti… pero…
Puso un dedo en mis labios para hacerme callar. Se levantó del suelo y me tendió una mano para que yo también me levantara. Cogí su mano y con un poco de impulso quedé frente a él. Le miré a los ojos. El brillo aún estaba en ellos, aunque me miraba un tanto triste.
- Sabía que dirías eso. Siempre has sido una chica muy… cuerda.- y entonces me sonrió.
Se puso de nuevo en la misma postura, con la rodilla en el suelo y dijo:
- Entonces… que este anillo signifique que… por lo menos… aceptas ser mi prometida… para cuando todo esto acabe…
Sonreí, la felicidad no cabía dentro de mí. Mi sol, mi oscuridad, mi estrella, mi vida… mi Sirius me había pedido casarnos y algún día lo haríamos, seguro.
- Claro que sí.- pasé mis brazos alrededor de su cuello y le besé.
Él puso sus manos en mi cintura y me alzó un poco para besarme mejor. La diferencia de altura no era un problema para nosotros, ni eso, ni la diferencia de edad.
Puso sus manos en mi trasero y me alzó, enganché mis piernas en su cintura y acaricié su pelo mientras él buscaba una forma de quitarme la túnica. Se echó hacia atrás y se sentó en la cama donde minutos antes había estado mi anillo.
Acercó su boca a mi oído y en un susurro que se me antojó sexy me preguntó:
- ¿Quieres que… practiquemos para la noche de bodas?
Como toda respuesta lo único que hice fue bajar mis manos de su pelo a su torso y mientras comencé a desabrochar los botones de su camisa junté mi boca con la suya. Sus manos recorrieron mis piernas a la vez que sus labios me regalaban las más dulces caricias. Por fin desabroché el último botón de su camisa situado peligrosamente cerca de su entrepierna. Acariciando sus hombros le saqué la camisa (que tiré lejos de la cama) y acto seguido mi túnica corrió la misma suerte. Me encantaba acariciar su torso, sus fuertes brazos… pese a la edad que tenía a me pareció que muchos muchachos de mi edad bien podrían envidiar su maravilloso cuerpo. Nuestras respiraciones se iban agitando por momentos. Sus besos cambiaron de destino y recorrió todo mi cuello perdiéndose en mi escote. Yo tan solo acaricié su pelo mientras suspiraba. Sus manos se movieron por debajo de mi camisa, demasiado estrecha para que pudiera acariciarme con ella puesta así que con extraña facilidad desabrochó los botones y la camisa voló a reunirse con las otras prendas en desuso (^_^) Fue cuando sus besos comenzaron a concentrarse alrededor de mi sostén. Con un movimiento suyo quedé tumbada en la cama con él encima de mí. Me sonrió.
- Me encanta el color de tu ropa interior.
- Lo sé, me la he puesto por ti.
Me sonrió una vez más mientras su lengua se perdía en caricias. Le apreté contra mi cuerpo mientras intentaba impedir a los gemidos que huyeran de mi garganta. Su lengua recorría cientos de caminos que dibujaba sobre mi piel, haciéndome subir al cielo. Pero yo no quería ser la única que disfrutara, así pues bajé mis manos a sus vaqueros buscando la manera de liberarle de la presión que le causaban. Después de acariciar y palpar su cuerpo encontré el objeto de mi deseo: la cremallera del vaquero. Él se dejó hacer y le saqué los pantalones y su ropa interior por completo. De repente me di cuenta que habíamos cambiado de posesión, ahora yo estaba encima de él, yo dominaba y tenía su placer en mis manos. Repartí mil y un besos entre su boca y su ombligo, no quería perderme nada. Mientras mi boca se daba tan sabroso banquete mis manos bajaron hasta su entrepierna para dedicarle las mejores caricias que sabía dar. El placer inundaba nuestros cuerpos. Me hacía temblar desde mis hombros desnudos que Sirius acariciaba hasta la punta de mis pies enredados en las sábanas blancas. Sirius se puso algo rígido y un gemido se escapó de sus labios. Sonreí. Lo estaba haciendo bien. La excitación de Sirius se fue agrandando por momentos. Entonces agarró mi barbilla con una mano y subió mi cara hasta ponerla a su altura para darme un beso lleno de pasión y calor. En tres segundos me di cuenta de que mis pantalones estaban en el suelo con la demás ropa y Sirius tenía su cara entre mis piernas haciéndome descubrir nuevas sensaciones que hasta ahora creía inexistentes. Nunca pensé que con su lengua pudiera regalarme tanto placer en tan pocas caricias. Esta vez no pude reprimir los gemidos que pugnaban por salir de mi garganta mientras que los latidos de mi corazón se aceleraban. Abrí los ojos… pero… ¿En qué momento los había cerrado? Bajé la vista y me encontré con los profundos ojos de Sirius. Nos sonreímos, él me abrazó y dijo con la voz entrecortada por su respiración agitada:
- ¿Quieres que siga?
Le miré y amoldándome a su cuerpo bajo él le contesté:
- No quiero… lo DESEO.
En ese momento entró en mí, tiernamente para no hacerme daño, y no lo hizo. Al poco comenzamos a movernos al unísono y pasamos de ser dos seres que se amaban a ser uno solo unido por el amor. Llegamos a lo máximo juntos y entonces él se tumbó a mi lado. Los dos respirábamos entrecortadamente, los latidos de nuestros corazones se habían disparado. Apoyé mi cabeza en su pecho y pasé una mano por su cintura. Él pasó una mano por mi hombro en ademán protector y con la otra empezó a acariciar mi pelo.
- ¿Qué tal? ¿Eh?- preguntó, pero acto seguido añadió con voz segura.- A estado bien.
- Me encanta tu gran y enorme…- hice una pause mirándole a los ojos. Él sonreía- EGO.
Parpadeó varias veces y luego acentuó su sonrisa.
- Y a mí me encantas tú.
Me dio un beso en la frente y siguió acariciando mi pelo. Suspiré, me había quedado agotada. Al rato Sirius paró de acariciarme el pelo, eché un vistazo y vi que tenía los ojos cerrados, se había dormido. Después del viaje que había hecho y luego lo que acababa de ocurrir no me extrañó.
Los dos, tan diferentes u aún así juntos. Él un hombre fuerte e independiente y yo una… niña que aún seguía en el colegio y que fuera de él tenía a seis hermanos que la cuidaban y protegían. Él ya rondaba los cuarenta y yo no tenía los veinte. Él con su piel morena y el pelo negro, todo contrario a mi blanca piel y mi candente pelo rojo. Apoyé de nuevo mi cabeza sobre su pecho, cerré los ojos y pensé en pegar una cabezada yo también.

Una gorda rata que había visto toda la escena salió de la cueva sin que ninguno de los dos notara su presencia ni echara en falta su ausencia…

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