Me gustaría hacer una pequeña reflexión sobre esas personas consideradas “mayores”, adjetivo bastante subjetivo. Por que creo que en esta época del año (como cualquier otra) merece la pena pensar un poco más sobre hacer cosas buenas.
Muchas son las personas que trabajan a favor de los derechos de las personas mayores, muchas personas trabajan por y para ellos, por que durante su vida han ido construyendo parte de nuestro mundo y ahora nos toca devolverles el favor. Cada uno lo hace a su manera, cediéndoles el sitio en el autobús o ayudándolas a cruzar por lugares que el ayuntamiento parece haber olvidado. Eso está muy bien, creo que respetar a las personas mayores es algo que todos deberíamos hacer por que son personas, y como todos deben ser respetadas.
Siempre se trata de intentar “ser mejor” en Navidad, por eso de las buenas acciones, que se acaba el año y algunos remordimientos, pero nunca había visto tan reiteradamente la exigencia (por parte de otros) de serlo.
En las últimas dos semanas he visto cosas que no me han gustado nada de varias personas mayores que además han aludido a que “es Navidad” y hay que tenerles en mayor consideración por tratarse de estas fechas.
|
 |
¿Acaso las “personas menores” no tenemos derecho a ser respetadas por igual? ¿Es que ser joven implica tener que aguantar desprecios, pisotones, malas caras, insultos y broncas simplemente por tener menos edad que otro? ¿Desde cuando tener más años es directamente proporcional a “merecer” tener más respeto?
Yo creía que el respeto se lo ganaba uno haciendo cosas… y que no se lo merecía solo por tener canas.
Es cierto que hay muchos jóvenes que no están concienciados con nada, pero también hay una gran cantidad de jóvenes que SI lo están, que trabajan de voluntarios, que intentan mejorar las cosas, que están concienciados con los problemas sociales que hay actualmente… y no paro de oir quejas y más quejas sobre lo “malos” que somos los jóvenes de hoy en día.
Cuando, el otro día, con un dolor de cabeza horroroso y otro de espalda no mucho peor le cedí el asiento a una persona mayor no me apareció una cana ni me dieron una chapita. No vino nadie corriendo a felicitarme por haber hecho un gesto desinteresado, y sin embargo una se siente bien porque sabe que la persona sentada lo agradece.
Pero cuando estás mala por un resfriado y aún así cedes el asiento a una persona mayor que ves con bastón, lo que menos te esperas es que te eche la bronca por todas las personas anteriores que no han hecho lo que tu sí. Y además gritándote para que se entere todo el autobús de lo que te está diciendo. Y quedar mal por ir medio dormida y no quitarte los cascos para escuchar la perorata.
Queridas personas mayores: sé que no todos los jóvenes tenemos en cuenta sus necesidades, pero por favor, en vez de ser tan egoistas y malas personas como nosotros hagan gala de su buen hacer y dejen de tocar las narices a quienes tratamos de respetarlos.